24 de mayo de 1810: La Junta trampa que duró horas y la noche de las renuncias urgentes

La mañana del jueves comenzó con una calma sumamente engañosa. Cumpliendo con el plan trazado en secreto la noche anterior, el Cabildo hizo pública la conformación de la nueva Junta Provisional de Gobierno. El bando oficial anunciaba a los cinco integrantes: el exvirrey Baltasar Hidalgo de Cisneros como presidente y comandante de las armas, los españoles conservadores Juan Nepomuceno Solá y José Santos Incháurregui, y los criollos Cornelio Saavedra y Juan José Castelli.

Para el síndico Julián de Leyva, la inclusión de Saavedra y Castelli era una jugada maestra que calmaría los ánimos. Se equivocaba por completo.

El estallido de la furia popular
En cuanto el bando se leyó en las esquinas, la indignación corrió como reguero de pólvora por Buenos Aires. La población y las milicias sintieron que el Cabildo se había burlado abiertamente de los 155 votos que el 22 de mayo exigieron la destitución absoluta del virrey. Mantener a Cisneros al mando de las tropas se interpretó como una provocación y una amenaza directa de represión futura.

Los «chisperos», con Domingo French y Antonio Beruti a la cabeza, volvieron a movilizar a los sectores populares hacia la Plaza de la Victoria. El ambiente se volvió hostil. La gente, armada con puñales y pistolas, exigía la inmediata disolución de esa junta colonial encubierta. Las campanas del Cabildo volvieron a sonar en un clima de pre-guerra civil.

El quiebre militar: Los Patricios dicen «No»
La trampa terminó de desarmarse cuando los cuarteles militares le dieron la espalda al Cabildo. El coronel Martín Rodríguez y otros oficiales criollos se presentaron en la casa de Cornelio Saavedra. Le advirtieron que las bases del Regimiento de Patricios y de las demás milicias nativas estaban en un estado de insubordinación total; las tropas jamás obedecerían órdenes de Cisneros y estaban dispuestas a derrocar la junta por la fuerza de las armas.

Saavedra y Castelli comprendieron que si permanecían en sus cargos, quedarían catalogados como traidores a la patria y el pueblo avanzaría sin ellos.

La noche de las renuncias definitivas
A las ocho de la noche, Castelli y Saavedra se presentaron en el Fuerte de Buenos Aires. En una reunión tensa y dramática, le comunicaron a Cisneros que la situación en la calle era insostenible y le presentaron sus renuncias indeclinables a la junta.

Sin el respaldo de los dos miembros criollos y con la certeza absoluta de que los jefes militares ya no controlaban a sus soldados, la junta trampa se desmoronó. Esa misma noche, el gobierno interino se disolvió de hecho.

Mientras la medianoche del 24 de mayo cobijaba una Buenos Aires en vigilia, en la casa de Rodríguez Peña los patriotas redactaban a la luz de las velas una lista definitiva de nombres. Ya no habría negociaciones ni términos medios con el pasado colonial: el viernes 25 de mayo, el pueblo exigiría su propia junta o haría tronar el escarmiento.

Foto: Archivo propio IA.

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