Hoy, 4 de marzo, el mundo se une bajo el lema «8 mil millones de razones para actuar frente a la obesidad». Esta fecha no es solo un recordatorio de salud individual, sino un llamado urgente a revisar los sistemas alimentarios y las políticas públicas ante una epidemia que ya afecta a más de 1.000 millones de personas en todo el planeta.
Las cifras del desafío global
La obesidad ha dejado de ser un problema exclusivo de los países de altos ingresos para convertirse en una crisis transversal que golpea con especial dureza a las economías en desarrollo.
Prevalencia actual: Se estima que 1 de cada 8 personas en el mundo vive con obesidad.
Proyección a futuro: Si las tendencias actuales continúan, para el año 2035, la mitad de la población mundial (unos 4.000 millones de personas) vivirá con sobrepeso u obesidad.
Mortalidad: Esta condición es responsable de aproximadamente 4 millones de muertes anuales en todo el mundo y es uno de los tres principales factores de mortalidad en casi todas las regiones, excepto en el África subsahariana.
La alarma en la infancia y adolescencia
Uno de los puntos más críticos de las estadísticas actuales es el crecimiento acelerado de la obesidad en las etapas tempranas de la vida.
Desde 1990, la obesidad se ha cuadriplicado entre niños y adolescentes de 5 a 19 años.
En 2025, se estima que más de 400 millones de menores viven con sobrepeso u obesidad.
Contexto en Argentina: El país presenta una de las tasas más altas de la región, con un 36,5% de niños y adolescentes (5 a 19 años) afectados por esta problemática.

El costo económico: Una carga de billones
Más allá del sufrimiento humano, la obesidad representa un lastre masivo para las economías nacionales:
Impacto Global: Se calcula que el impacto económico mundial del sobrepeso y la obesidad alcanzará los 3 billones de dólares para 2030 y superará los 4 billones para 2035.
Productividad: En países como México y Ecuador, la malnutrición (incluyendo el exceso de peso) cuesta entre el 2,3% y el 4,3% de su PIB, afectando directamente la productividad y los sistemas de salud.
¿Hacia dónde vamos?
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha comenzado a implementar directrices para el uso de nuevos tratamientos (como los agonistas del receptor GLP-1), pero subraya que la solución real debe ser sistémica. El objetivo para este 2026 es pasar del enfoque en la «voluntad individual» hacia la creación de entornos saludables, regulando la publicidad de ultraprocesados y garantizando el acceso equitativo a alimentos nutritivos.
Foto: Archivo propio IA.
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