En un mundo que parece girar cada vez más rápido, donde las redes sociales nos conectan virtualmente pero a menudo nos aíslan emocionalmente, hay una cualidad humana que se vuelve indispensable: la empatía.
Lejos de ser un simple concepto teórico, la empatía es una habilidad, una gimnasia diaria que, como un músculo, se entrena y se fortalece.
Pero, ¿qué es la empatía? No es solo «ponerse en el lugar del otro» como se suele decir. Va mucho más allá. Es la capacidad de percibir, comprender y, de alguna manera, sentir lo que la otra persona está experimentando, ya sea una alegría inmensa o una profunda tristeza. Es el «me re sirve lo que te pasa» del alma, el reconocimiento de una emoción ajena como si fuera propia. En un país tan pasional y a la vez tan desigual, la empatía es el puente que conecta realidades distintas, el faro que ilumina la necesidad del otro.
Un remedio contra la indiferencia y el individualismo
En los últimos años, hemos visto cómo el individualismo y la polarización han calado hondo en la sociedad. Las discusiones, ya sea en la mesa familiar o en el debate público, a menudo se convierten en monólogos donde nadie escucha.
En ese contexto, la empatía actúa como un antídoto poderoso. Nos obliga a detenernos, a bajar la pelota, a dejar de lado la urgencia de tener razón para intentar, genuinamente, entender por qué el otro piensa o siente de una determinada manera.
No se trata de estar de acuerdo, sino de reconocer la validez de su perspectiva.
La falta de empatía es el caldo de cultivo para la discriminación, la intolerancia y la violencia. Cuando una persona es incapaz de conectar con el sufrimiento ajeno, es más fácil ignorarlo, justificarlo o incluso causarlo. Por el contrario, un alto grado de empatía en una sociedad promueve la solidaridad, la ayuda mutua y la construcción de lazos comunitarios. Pensar en los vecinos del barrio que no tienen para comer, en los chicos que no pueden ir a la escuela, o en los adultos mayores que viven solos, es el primer paso para tenderles una mano.
¿Una materia obligatoria en el colegio?
La buena noticia es que la empatía no es un don reservado para unos pocos. Es una habilidad que se aprende desde la infancia y se perfecciona a lo largo de la vida. Esta idea, que solía ser exclusiva del ámbito familiar, empieza a ganar terreno en el debate educativo. Muchos especialistas plantean la pregunta: ¿Por qué no una materia sobre empatía en las escuelas? Así como se enseña matemática o lengua, la empatía podría ser un eje transversal en la currícula o, incluso, una asignatura con nombre propio.
Los psicólogos y pedagogos señalan que los padres y educadores tienen un rol fundamental. Fomentar la lectura de cuentos, el juego en equipo, y sobre todo, enseñar a los chicos a nombrar y expresar sus propias emociones, son estrategias clave.
En el ámbito laboral, la empatía también está ganando terreno. Líderes y equipos que practican la empatía suelen ser más colaborativos, productivos y resilientes. Un jefe que se preocupa por la salud mental de sus empleados, o un colega que ofrece una mano sin que se la pidan, generan un ambiente de confianza y pertenencia que va más allá de un simple salario.
El desafío de mirar a los ojos y no a la Pantalla
El gran desafío de nuestro tiempo es recuperar el cara a cara. Apagar el celular por un rato para escuchar de verdad lo que un amigo tiene para decir. Mirar a los ojos a la persona que nos atiende en el almacén o en el colectivo. Esos pequeños gestos cotidianos son los que nos devuelven a nuestra esencia, los que nos recuerdan que, por debajo de las diferencias y las discusiones, somos todos seres humanos con miedos, alegrías y, sobre todo, la necesidad de ser escuchados y comprendidos.
La empatía, en definitiva, es la base para construir una sociedad más justa y humana. No nos va a solucionar todos los problemas, pero sin duda es el primer paso para empezar a construir las soluciones. En un país que se jacta de su calidez y su gente, la empatía es un valor que debemos cultivar con orgullo, como quien cuida la yerba en un termo para compartir una ronda de mate con alguien que lo necesita.
Foto: Archivo propio IA.
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