Mientras los paradores tradicionales de Pinamar y Punta del Este compiten por quién tiene la música más fuerte o la carta de tragos más exótica, un fenómeno silencioso y exclusivo gana terreno entre los veraneantes de alto poder adquisitivo. Se trata del «ayuno de dopamina», una práctica que, lejos de ser una simple dieta, propone un reseteo neuroquímico mediante la privación sensorial voluntaria.
La tendencia, que comenzó tímidamente en Silicon Valley hace unos años, ha explotado este enero de 2026 en la costa atlántica. La premisa es drástica pero seductora para mentes saturadas: durante 48 o 72 horas, los participantes entregan sus dispositivos electrónicos, se prohíbe la lectura, la música, el ejercicio intenso, las interacciones sociales complejas y hasta la comida con sabores fuertes. El objetivo es reducir los niveles de dopamina —el neurotransmisor del placer y la recompensa— para recuperar la capacidad de disfrute de las cosas simples y mejorar la concentración.
«Estamos viendo un agotamiento cognitivo sin precedentes», explica la Licenciada Marisa Fuentes, psicóloga especializada en adicciones conductuales que supervisa uno de los retiros en José Ignacio. «La gente no paga por entretenimiento, paga por aburrimiento gestionado. Necesitan que alguien les obligue a parar porque su voluntad ya ha sido hackeada por los algoritmos».
Los paquetes, que oscilan entre los 1.500 y 3.000 dólares por fin de semana, ofrecen alojamiento minimalista, caminatas silenciosas y una dieta blanda basada en ingredientes no estimulantes. A pesar de la austeridad de la propuesta, o quizás debido a ella, los cupos están agotados hasta fines de febrero. Empresarios, figuras del espectáculo y jóvenes profesionales de la industria tech conforman el grueso de la clientela, buscando desintoxicarse de la misma tecnología que, irónicamente, les permitió pagar el retiro.
Sin embargo, la práctica no está exenta de críticas. Varios neurocientíficos advierten que el término es científicamente inexacto, ya que no se puede «ayunar» de una sustancia química que el cerebro produce naturalmente. No obstante, reconocen los beneficios de reducir la sobreestimulación digital.
En este verano 2026, el verdadero estatus no lo da la foto en la fiesta de moda subida a redes sociales, sino el lujo de desaparecer, desconectar y volver a ser dueño del propio tiempo, aunque sea por un fin de semana. El silencio, parece, es el nuevo oro.
Foto: Archivo propio IA.
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