«El dinero es un medio para un fin, da libertad para lo que vos busques», define Nicolás Rampinini al inicio de su charla en el ciclo Tengo una idea. Licenciado en administración de empresas por la Universidad de San Andrés y con más de 16 años de experiencia en asesoramiento, Rampinini sostiene que las charlas sobre inversiones no deben centrarse únicamente en los números, sino en los propósitos personales. «Sin un ‘para qué’, el tema del dinero tiene el bichito de la codicia atrás», advierte, subrayando la importancia de fijarle objetivos tangibles a nuestros ahorros [04:33].
La economía del sobreviviente y el mandato del ladrillo
Al analizar la idiosincrasia económica local, el especialista describe a la sociedad argentina como «superviviente». Las constantes crisis han moldeado una cultura financiera reactiva, donde el ahorro suele invertirse «en defensa propia» para evitar perder el fruto del trabajo [07:52].
En este contexto, los mandatos familiares juegan un rol fundamental. Para la generación de los 40 años o más, la inversión inmobiliaria —»el ladrillo»— sigue siendo el objetivo supremo [06:07]. Sin embargo, Rampinini observa un cambio en las generaciones más jóvenes (en sus 20 o 30 años), quienes comienzan a preocuparse tempranamente por construir un respaldo para su jubilación, conscientes de que los sistemas previsionales tradicionales ya no son una garantía [06:26].
El tiempo como la mejor inversión
Uno de los conceptos más disruptivos que plantea es la democratización de las inversiones. Contrario al mito de que se necesita mucho capital para ingresar al mercado, Rampinini asegura que el recurso más valioso no es el dinero, sino el tiempo. «Tiempo en inversiones no es el calendario, son 5 días hábiles, 52 semanas al año por 20 o 25 años», explica [12:18].
El mercado, según su visión, es una máquina que genera intereses constantes si se la alimenta con disciplina. Compararlo con una timba es un error de perspectiva: «La bolsa es una timba si es de hoy para mañana y si no tenés claro para qué», sentencia [17:23]. Para él, invertir sin un proyecto es como ir a una ferretería sin saber qué se quiere construir.
Protección familiar: el cinturón de seguridad
Más allá del crecimiento patrimonial, la planificación financiera incluye proteger lo logrado. A los 28 años, siendo el principal sostén de su madre y sus tres hermanos menores, Nicolás contrató su primera herramienta financiera: un seguro de vida. «Si te pasa algo, ¿quién se ocupa?», fue la pregunta que lo hizo reaccionar [19:39].
Utilizando una analogía automovilística, explica que, por más prudente que uno sea al conducir, hay factores incontrolables en la ruta. «Financieramente podés tomar la decisión de que si te toca bailar con alguna de esas, no sea un efecto dominó que te lleve puesto», reflexiona sobre la importancia de contar con herramientas de protección ante enfermedades o lucro cesante [20:28].
Romper el silencio
Pese a la centralidad del dinero en nuestra supervivencia, sigue siendo un tema del que poco se habla en círculos íntimos. «No hablamos de plata… no es un tema de conversación ni con tus viejos», señala el asesor [21:22]. Su propuesta es abrir espacios de charla, desmitificar las finanzas y entender que planificar económicamente es, en última instancia, diseñar la vida que queremos vivir y el legado que queremos dejar.
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