¿Alguna vez sentiste un nudo en el estómago antes de una situación de estrés? Esa reacción no es casualidad, es biología pura. La nutricionista Mia Taglieri, egresada de la UCA y especialista en microbiota intestinal, desglosa en el ciclo Estar Bien! cómo funciona el fascinante eje intestino-cerebro.
«Hay que pensarlo como un camino bidireccional: lo que ocurre en la microbiota va a afectar la salud emocional y mental, y viceversa», explica la experta. Ante situaciones de miedo o angustia crónica, la energía y el flujo sanguíneo se desvían hacia las extremidades (para «salir corriendo»), bloqueando el sistema digestivo y generando desde inflamación hasta dolor o náuseas [01:00].
¿Qué es la microbiota y por qué importa tanto?
Lejos de ser una moda, la microbiota es un pilar científico de la salud moderna. Se trata de un ecosistema compuesto por bacterias, virus, hongos y parásitos que habitan principalmente en el colon, pero también en la piel y otras mucosas. Su cercanía con el sistema inmune es clave: cuando este grupo de microorganismos se desregula (disbiosis), el sistema inmunológico se altera, provocando la temida «inflamación de bajo grado» que subyace a múltiples enfermedades [02:23].
La formación de esta microbiota comienza incluso antes de nacer y tiene su ventana de mayor plasticidad en los primeros 1000 días de vida del bebé. Sin embargo, a lo largo de la adultez, se puede modular diariamente a través de nuestros hábitos [03:30].
El sobrepeso y los ratones gemelos
Uno de los puntos más reveladores de la entrevista es el vínculo entre la microbiota y la obesidad. Taglieri cita un estudio fundamental realizado en ratones libres de gérmenes: a un roedor se le trasplantó microbiota de un humano obeso y al otro, de uno delgado. Comiendo exactamente la misma cantidad de calorías, el ratón con la microbiota del adulto obeso desarrolló obesidad [07:47].
Esto ocurre por un desbalance entre las familias de bacterias (Firmicutes y Bacteroidetes). Un estilo de vida sedentario y alto en ultraprocesados crea un ambiente intestinal que favorece el almacenamiento de grasa y la inflamación.
Ansiedad y producción de serotonina
Las emociones y la salud mental también nacen, en parte, en la panza. Las bacterias intestinales son responsables de producir neurotransmisores fundamentales para la relajación y la felicidad, como la serotonina y el GABA. Personas con trastornos de ansiedad o TOC suelen presentar una microbiota alterada que produce estas sustancias en menor cantidad [[11:16].
Hábitos clave para sanar tu intestino
Para quienes buscan mejorar su salud digestiva y emocional, Taglieri propone volver a las bases del «patrón mediterráneo»:
Más plantas, menos paquetes: Llenar el plato de diversidad y color con vegetales, legumbres, semillas y frutos secos. Reducir los ultraprocesados y limitar el consumo de carnes rojas a una o dos veces por semana, ya que en exceso generan sustancias nocivas para la salud cardiovascular [[05:37].
El «cómo» comemos: Comer rápido, mirando pantallas o trabajando bloquea la digestión. La experta aconseja realizar tres respiraciones profundas antes del primer bocado para activar el nervio vago y relajar el cuerpo [[18:56].
Descanso y sol: Dormir entre 7 y 8 horas ininterrumpidas permite que el sistema inmune limpie las células dañadas. Además, la exposición al sol durante 15 minutos al despertar estimula la serotonina diurna, que luego se transformará en melatonina para un buen descanso nocturno [[22:20].
Hidratación y movimiento: Tomar aproximadamente 2 litros de agua (el mate también cuenta) y realizar al menos 30 minutos de caminata diaria ayuda a conformar una microbiota más resistente y diversa [[17:46].
Mirá el programa completo…
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