Estar Bien!: Cuando el trabajo enferma y la importancia de redescubrir el propósito

¿Qué pasa cuando la obligación de ganarse la vida choca de frente con el agotamiento físico y mental? Con esa premisa, el programa Estar Bien! inauguró su nueva temporada recibiendo a Lic. Marina Villalba (Psicóloga- M. 68.948), con más de 25 años de experiencia integrando la clínica con el mundo de las organizaciones.

«La ansiedad se transforma en disfuncional cuando la persona no puede mantener la hiperactividad de un modo regulado frente a un contexto laboral que amplifica esa exigencia», advirtió Villalba al comienzo de la charla [[02:30].

El peligro del «piloto automático» y el agotamiento crónico
Uno de los principales problemas que la especialista observa en su consultorio es la desconexión que sienten las personas respecto a sus propias elecciones. Muchas veces, la rutina y la necesidad de supervivencia —el «tener que ir a trabajar todos los días y compararte con un otro»— opacan el deseo y el disfrute [[03:43].

Marina describió un escenario alarmante pero cotidiano: profesionales que, a pesar de estar agotados, siguen contestando correos y agendando reuniones al borde de la medianoche, para luego padecer insomnio. «El proceso cognitivo distorsionado incita a que vos no puedas identificar cuándo estás eligiendo y cuándo estás disfrutando. Todo es una demanda automática de ‘tengo que hacerlo para que me reconozcan o para no perder el trabajo'», explicó [[06:28].

Esta anticipación permanente sobre catástrofes que aún no sucedieron (como el miedo a ser despedido o a no estar a la altura) es lo que define el cuadro de ansiedad laboral, manteniendo al individuo en un estado de hipervigilancia agotador [[08:44].

¿Quién soy si ya no soy mi trabajo?
Otra arista fundamental de la ansiedad laboral es la hiperidentificación con el rol profesional. «Esa identificación tiene mucho que ver con el valor que nos damos a través de lo que hacemos y no de lo que somos», reflexionó la terapeuta. Esto se vuelve una crisis profunda frente a despidos, retiros deportivos o, muy frecuentemente, la jubilación. Al perder ese espacio de reconocimiento, muchas personas sienten que pierden su identidad y se enferman [[12:19].

Para evitar que esto suceda, la terapia busca reconectar al paciente con actividades y placeres olvidados, a menudo relegados desde la infancia por culpa de las responsabilidades adultas [[22:11].

Herramientas para salir de la trampa
Cuando una persona llega al límite de su tolerancia (lo que Marina Villalba llama «estar harto»), el proceso terapéutico comienza por la estabilización mediante técnicas de mindfulness y respiración diafragmática, trabajando el «aquí y el ahora» para frenar la rumiación sobre el pasado o el futuro [[13:52].

Luego, se invita al paciente a llevar un registro diario de sus pensamientos automáticos, lo que permite identificar creencias distorsionadas y reestructurarlas. «El fin de la terapia no es darle respuestas al paciente, sino acompañarlo a que lo decida por sí mismo. Esa es la libertad mayor que le podés dar a un ser humano», concluyó Villalba [[19:06].

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