La duración del día en la Tierra de 24 horas, atraviesa un proceso de cambio. Un proceso que ha empezado debido a la crisis climática de origen antropogénico y que las investigaciones recientes de la NASA han indicado que podría darse esa situación.
La realidad es que la velocidad a la que el planeta gira sobre su propio eje está disminuyendo de forma progresiva y eso afecta a las horas.
Este fenómeno, que históricamente ha fluctuado entre las 17 y 19 horas en los albores del planeta, se ve ahora alterado por la redistribución de masas de agua dulce provenientes de los glaciares derretidos, lo que afecta directamente a la inercia rotacional de la Tierra. El proceso se explica mediante el desplazamiento de grandes volúmenes de hielo que, al fundirse, se convierten en agua líquida y se trasladan desde los polos hacia el ecuador.
Esta nueva distribución de la masa terrestre genera un efecto similar al de un patinador sobre hielo que extiende sus brazos para frenar su giro. Según los datos analizados por la agencia espacial durante los últimos 120 años, este cambio en la estructura del planeta no solo afecta a la velocidad, sino que también ha provocado una desviación del eje de rotación de aproximadamente 10 metros.
La NASA ha detectado una correlación directa entre el aumento de las temperaturas globales y la tasa de ralentización. Entre los años 2000 y 2018, el incremento de la duración del día se situó en 1,33 milisegundos por siglo, en un contexto donde la temperatura global era 1 °C superior a los niveles preindustriales.
Con los registros actuales, que sitúan el calentamiento en 1,47 °C por encima de la media histórica, la tendencia sugiere que la pérdida de velocidad podría acelerarse si no se revierten las condiciones climáticas actuales.
A pesar de la magnitud geológica del evento, el impacto a corto plazo es imperceptible para el ser humano, ya que las variaciones se miden en fracciones de segundo. Los registros indican que, en promedio, los días se han alargado 2,4 milisegundos por siglo. Sin embargo, el fenómeno es calificado por los expertos como un «cambio acelerado» en comparación con los ciclos naturales del planeta, impulsado casi exclusivamente por el efecto invernadero y la fundición de las capas de hielo polares.
Bajo las proyecciones actuales, la posibilidad de que la Tierra alcance días de 25 horas es una realidad científica, aunque situada en un horizonte temporal remoto. Los cálculos oficiales estiman que, de mantenerse la tendencia de calentamiento y ralentización, el día ganaría esa hora adicional dentro de unos 200 millones de años. Este hallazgo subraya la capacidad de la actividad humana para alterar incluso los procesos físicos fundamentales de la mecánica planetaria.
Seguí leyendo sobre