Muchas veces pensamos que comer es algo que sale “natural», pero la realidad es que aprender a comer es un desafío enorme para cualquier niño o niña; es casi como aprender un idioma nuevo. Aunque los bebés nacen con el instinto de succionar, después de los seis meses ese instinto desaparece y empieza la verdadera etapa de aprendizaje. No es tan simple como “sentarse y abrir la boca», sino que es un proceso donde intervienen todos los sentidos y se construye paso a paso.
Enfrentarse a un alimento nuevo puede ser similar a una clase de física o química. Antes de que el bocado llegue a la boca, el niño debe tolerar el aroma, explorar la textura con sus manos y comprender las propiedades del alimento.
Aprender a comer es como una clase. En este escenario, los adultos somos los profesores. El niño es el estudiante y la comida es la materia de estudio. Para que el aprendizaje ocurra, los «docentes» (mamá y/o papá) deben estar presentes en la clase: sentarse a la mesa con sus hijos, mostrar con movimientos exagerados cómo se mastica ese alimento y transformar el ambiente en un espacio seguro.
Cuando enseñamos a un niño a caminar, a hablar o a reconocer las letras, usamos canciones, juguetes y muchas risas. Sin embargo, al llegar a la mesa, solemos abandonar el juego. ¿Por qué? Incorporar el juego no significa fomentar un caos de comida volando, sino crear un juego con propósito, con el propósito de aprender a comer. A través del juego es como mejor aprenden los niños y las niñas niñas, el juego reduce la ansiedad y permite que el infante explore el alimento sin la presión de comerlo inmediatamente.
A veces, los desafíos en la alimentación pueden tener su origen en el procesamiento sensorial, el sistema nervioso actúa como un director de orquesta que recibe, organiza e interpreta los estímulos. Si el cerebro de un niño interpreta el olor del brócoli o la textura de un puré como una amenaza, su respuesta será de supervivencia: cerrar la boca, empujar el plato o llorar.
Señales de alerta: ¿Cuándo consultar a una Terapeuta Ocupacional?
Es fundamental buscar apoyo especializado si el niño o la niña:
Se rehúsa a probar o tocar texturas nuevas.
Muestra dificultad para manejar los alimentos dentro de su boca.
Tiene un repertorio de comidas muy limitado o selectivo.
Presenta arcadas ante la presencia de algunos alimentos.
Tiene dificultades para permanecer sentado/a adecuadamente.
Manifiesta berrinches o angustia marcada durante la comida.
Entender que la alimentación es un proceso complejo nos permite pasar del estrés a la empatía, transformando la mesa en un espacio de conexión y descubrimiento.
Yanett Zurita
Lic. en Terapia Ocupacional
MN. 3776
Instagram: @lic.yanettzurita

Fuentes consultadas:
Ayres, A. J. (2008). La integración sensorial en los niños: Desafíos sensoriales ocultos. TEA Ediciones.
Dunn Klein, M. (2019). Anxious Eaters, Anxious Mealtimes: Practical and Compassionate Strategies for Mealtime Peace.
Toomey, K. A., & Ross, E. S. (2011). SOS Approach to Feeding. American Speech-Language-Hearing Association.
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