Si el día anterior el virrey Cisneros había admitido su debilidad militar ante Saavedra, el 21 de mayo comprendió que el tiempo de la diplomacia colonial se había agotado. La presión ya no provenía solo de los intelectuales criollos, sino de la fuerza de choque de la revolución.
La irrupción de la «Legión Inferior»
Desde las primeras horas de la mañana, unos 600 hombres armados con puñales, pistolas y fusiles ocuparon la Plaza de la Victoria (actual Plaza de Mayo). Este grupo de agitación popular, conocido como la «Legión Inferior», estaba liderado por dos figuras clave: Domingo French y Antonio Luis Beruti.
Llevaban en sus sombreros el retrato del rey Fernando VII y una cinta blanca (símbolo de la unión civil y militar criolla). Estos «chisperos» o «manolos» tenían una misión clara: custodiar la plaza para garantizar que las autoridades coloniales no dieran marcha atrás y cumplieran con lo pactado.
El Cabildo bajo asedio
Mientras la multitud rodeaba las galerías del Cabildo, los capitulares se reunieron para iniciar sus sesiones ordinarias. Los gritos que subían de la plaza exigían la inmediata suspensión del virrey y la convocatoria oficial a la asamblea. La agitación era tal que las campanas del Cabildo no paraban de sonar para convocar a los vecinos.
Ante el temor de que la situación derivara en un baño de sangre, el alcalde Juan José de Lezica salió al balcón para pedir calma y asegurar que el reclamo ya estaba en marcha. Sin embargo, la multitud exigía ver la orden firmada.
El paso definitivo: La impresión de las esquelas
Acorralados por el asedio popular y con la certeza de que las milicias de Patricios no moverían un dedo para reprimir, el síndico procurador Julián de Leyva cedió formalmente. El Cabildo firmó la autorización para convocar a la asamblea de vecinos notables para el día siguiente.
De inmediato, se envió una orden urgente a la Real Imprenta de los Niños Expósitos. Allí, a contrarreloj, se imprimieron 450 esquelas de invitación. Las tarjetas citaban a los vecinos más destacados de la ciudad (comerciantes, militares, religiosos y magistrados) para el martes 22 de mayo a las nueve de la mañana.
La plaza se retira, pero queda en alerta
Una vez que Cornelio Saavedra se presentó en la plaza y garantizó personalmente que el Regimiento de Patricios respaldaba la convocatoria y que las invitaciones ya se estaban distribuyendo, French y Beruti ordenaron la retirada de la multitud.
Al caer la noche del 21 de mayo, las invitaciones ya estaban llegando a los domicilios de los vecinos notables. La legalidad del virreinato se tambaleaba por completo; la suerte del Río de la Plata se definiría cara a cara en los debates del día siguiente.
Foto: Archivo propio IA.
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