Si el 25 de mayo fue el día de la Revolución, el 26 fue el día de la gestión.
La Junta Provisional Gubernativa, presidida por Cornelio Saavedra, se reunió formalmente en el Fuerte de Buenos Aires a primera hora de la mañana para tomar las decisiones políticas y militares urgentes que consolidaran el nuevo orden.
El primer bando: pidiendo orden y confianza
La prioridad del nuevo gobierno era llevar tranquilidad a una población civil y comercial que había vivido una semana de extrema parálisis y tensión. Por la mañana, se redactó y publicó el primer bando oficial de la Junta.
En este documento, las nuevas autoridades exhortaban a los vecinos a mantener el orden público, regresar a sus tareas habituales y confiar en la administración naciente. Al mismo tiempo, se ratificó que el Cabildo mantendría sus funciones judiciales y administrativas tradicionales, asegurando una transición institucional sin vacío de poder.
La Circular a las Provincias: el desafío federal
El secretario Mariano Moreno comprendió de inmediato que la revolución no sobreviviría si se quedaba encerrada entre las fronteras de Buenos Aires. Por eso, una de las medidas más trascendentales de este 26 de mayo fue la redacción de la Circular a las Provincias.
Este documento se despachó con urgencia hacia las principales ciudades del interior del Virreinato (como Córdoba, Mendoza, Salta y el Alto Perú). La circular tenía un doble propósito: informar oficialmente la destitución de Cisneros y el nacimiento de la Junta, y exigir a los cabildos locales que reconocieran al nuevo gobierno y eligieran a sus propios diputados para que viajaran a Buenos Aires a incorporarse a la gran asamblea general.
La semilla del Ejército Argentino
La Junta sabía que la contrarrevolución realista no tardaría en organizarse, especialmente en focos de resistencia como Córdoba o Montevideo. Ante el peligro inminente, se dictaminó una de las órdenes más estratégicas del día: la creación de una expedición militar de auxilio para las provincias del interior.
Para financiar este primer ejército, los miembros de la Junta dieron un ejemplo de austeridad política: renunciaron a una parte importante de sus propios sueldos gubernamentales para destinar esos fondos al equipamiento de las tropas criollas. Se sentaban así las bases logísticas y humanas de lo que muy pronto se convertiría en las fuerzas de defensa de la independencia.
Al caer la noche del 26 de mayo de 1810, los primeros mensajeros a caballo ya cabalgaban por los caminos de tierra hacia el interior. La revolución había comenzado a caminar, consciente de que el camino hacia la libertad definitiva iba a requerir tanta diplomacia como pólvora.
Foto: Archivo propio IA.
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