En una reciente edición del ciclo Tengo una idea, conducido por Tomi Dente, la abogada y profesora de oratoria estratégica, Romina Paola Orsini, ofreció una clase magistral sobre el poder de la comunicación efectiva.
La entrevista no solo permitió conocer la trayectoria profesional de Orsini, marcada por una sólida base docente y jurídica, sino que se convirtió en una guía práctica para comprender que la oratoria es, ante todo, una herramienta estratégica al alcance de todos.
Durante la conversación, la especialista enfatizó que la oratoria no debe limitarse exclusivamente a escenarios con grandes audiencias. Por el contrario, la comunicación estratégica es fundamental en las interacciones cotidianas, desde una charla familiar compleja hasta un entorno profesional exigente.
Según Orsini, el primer paso para un discurso exitoso no reside en la técnica pura, sino en el autoconocimiento: el orador debe descubrir su propio estilo, aquello que le resulta genuino y cómodo, antes de intentar emular a referentes externos. “Nada está bien y nada está mal, todo depende del momento justo y de la estrategia”, subrayó, desmitificando reglas rígidas sobre la gestualidad o el uso de muletillas.
Uno de los ejes centrales del encuentro fue el valor del lenguaje no verbal. Romina destacó que gran parte de lo que comunicamos ocurre sin palabras, a través de nuestra postura, la mirada y la gestión de las emociones. La experta advirtió sobre la importancia de la coherencia: un orador que transmite un mensaje positivo pero cuya corporalidad denota inseguridad o apatía, generará ruido en la comunicación.
En este sentido, la “oratoria estratégica” propone un equilibrio entre el trabajo externo —el uso de las manos, el tono de voz, el contacto visual— y el trabajo interno, donde la gestión emocional del orador ante cualquier situación personal es clave para lograr una conexión auténtica con la audiencia.
La charla también abordó el manejo de los silencios, un recurso a menudo subestimado. En un mundo caracterizado por la inmediatez y el ruido constante, Orsini reivindicó el silencio como un elemento armonioso y necesario, no solo para la comunicación, sino como un espacio de pausa que permite al interlocutor procesar el mensaje.
Asimismo, hizo hincapié en la “escucha activa” como un pilar excluyente: estar plenamente presente, con todo el ser enfocado en el otro, es lo que diferencia a un comunicador eficaz de alguien que simplemente habla.
Finalmente, la nota destacada de la entrevista fue la humanización del rol del orador. Orsini concluyó que la vulnerabilidad y la capacidad de emocionarse son habilidades, no debilidades. Al establecer una conexión empática mediante las “neuronas espejo”, el orador logra que el público transite las mismas emociones, convirtiendo el acto de hablar en una experiencia compartida.
En definitiva, la participación de Romina Paola Orsini dejó en claro que la oratoria es un aprendizaje constante, una evolución permanente donde la autenticidad, la preparación y, sobre todo, la acción, son los verdaderos motores para transmitir una idea con éxito.
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