En una reciente edición del ciclo Pausa, conducido por Karin Cohen, se abordó una temática fundamental para el desarrollo humano: la construcción y el fortalecimiento de la autoestima.
Para profundizar en este concepto, que suele malinterpretarse como un rasgo estático, el programa contó con la participación de la experta Natalia Kremer, counselor, coach ontológica y operadora en psicología social.
Durante el encuentro, se desmitificó la idea de que quererse a uno mismo es un don innato. Por el contrario, se definió la autoestima como una práctica cotidiana y consciente. Kremer explicó que nuestra identidad se forja en gran medida durante los primeros años de vida, donde funcionamos como “esponjas” absorbiendo aprendizajes y mandatos que luego se automatizan. Estos patrones, similares a programas informáticos, dictan muchas de nuestras reacciones y elecciones inconscientes en la adultez.
Integrar mente, cuerpo y emoción
Uno de los ejes centrales de la charla fue la importancia de la coherencia entre lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos. Kremer presentó su metodología, denominada Método Espacio, la cual propone un abordaje integral para lograr el bienestar. Esta disciplina trasciende la palabra al incorporar herramientas como el focusing, la danza-presencia y la arteterapia, permitiendo que el cuerpo exprese aquello que la mente aún no puede verbalizar.
La experta destacó que el cuerpo es el primero en dar señales de alerta cuando algo no está bien, a menudo mucho antes de que seamos plenamente conscientes de ello. Ignorar estas señales, muchas veces por priorizar la mirada externa o intentar complacer a otros, tiene un costo emocional y físico sumamente elevado.
La valentía de pedir ayuda
Otro de los puntos destacados fue la resignificación del acto de pedir ayuda. Lejos de ser una señal de debilidad, la especialista lo definió como un acto de profunda valentía. Reconocer que no estamos solos y que existen profesionales capacitados para acompañar los procesos de cambio es el primer paso hacia la sanación. El rol del counselor no es imponer un camino, sino facilitar un espacio seguro para que la persona despliegue sus propios recursos y descubra su brújula interna.
Finalmente, la nota se cerró con una invitación reflexiva: la posibilidad de reprogramar nuestros patrones internos a través de la neuroplasticidad. A través de la arquitectura de la autoestima, una propuesta de acompañamiento integral, se busca que cada individuo pueda revisar sus creencias limitantes y tomar contacto con sus necesidades reales. El programa Pausa reafirmó así su compromiso de ofrecer herramientas valiosas para transformar nuestra calidad de vida, recordándonos que el autoconocimiento es un proceso continuo, vital y, sobre todo, profundamente transformador.
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