Adorni candidato para las elecciones en Capital

El vocero es el preferido de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, la armadora de las listas porteñas y titular del espacio, en las vísperas del cierre de listas.

En la mesa chica que rodea al presidente Javier Milei tiene en claro que en los comicios de mayo se disputará algo más que las bancas a la legislatura, saben que se tratará de la primera disputa del oficialismo con el PRO, donde medirán sus fuerzas en territorio adverso. El resultado inclinará la cancha para negociar las elecciones a nivel nacional.

Para eso, Adorni, pese a su voluntad, deberá anteponer sus deseos a la necesidad y será el que compita por abultar el caudal de votos violetas que podrían fugarse si el expulsado Ramiro Marra decide presentarse con lista propia.

En Balcarce 50 fantasean con la posibilidad de una candidatura testimonial para que el funcionario continúe al frente de la vocería y a cargo de la comunicación del presidente Javier Milei en paralelo, si logra ingresar a la Legislatura porteña. Algo que al propio Adorni no le simpatizaba hasta hace no mucho.

La presión de mostrar una buena performance electoral en la primera elección del año, la prueba de fuego de los libertarios desde que asumieron a la gestión, obligó a la administración a postular a quien consideran «el mejor de los propios», el funcionario con la mejor imagen.

En la búsqueda del candidato, el Gobierno llegó a medir a Bullrich, en caída luego de la brutal represión del 12 de marzo en la protesta de los jubilados que tuvo lugar en las inmediaciones del Congreso, y a Federico Sturzenegger (Desregulación y Transformación). Sin embargo, ninguno de los dos convención al triángulo de hierro.

En horas de la tarde, desfilaron por los pasillos de Balcarce 50, Eduardo «Lule» Menem, Santiago Caputo, Manuel Adorni, e incluso se lo vio a Daniel Parisini, con traje y gomina, lo que confundió a la prensa acreditada.

Finalmente, pasada las 18:30, se supo que el vocero se calzará el traje de candidato y afrontará el primer gran desafío de la gestión, pese a que desde su entorno aseguraron que no era lo recomendable y que querían «cuidarlo».

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