Blindaje estacional: Estrategias claves para afrontar los cambios bruscos de temperatura

Los períodos de transición estacional, caracterizados por esas mañanas gélidas que dan paso a tardes templadas, suelen ser la antesala inevitable de los resfríos comunes y las congestiones.

Esta vulnerabilidad no es casualidad. Adaptar el organismo a estas variantes térmicas abruptas no depende de la suerte, sino de la implementación consciente de estrategias preventivas que fortalezcan el sistema inmunológico antes de que el virus ataque.

Los especialistas médicos coinciden en un punto fundamental: el frío per se no causa el resfrío, que es siempre de origen viral. Sin embargo, las bajas temperaturas y los ambientes calefaccionados resecan las mucosas nasales y la garganta. Esta sequedad debilita la primera barrera física de defensa del cuerpo, facilitando la entrada y proliferación de patógenos. Además, el estrés térmico de pasar del calor al frío rápidamente puede ralentizar temporalmente la respuesta inmune.

El escudo interno: Nutrición e hidratación
La prevención comienza en el plato. Una alimentación balanceada es el cimiento de las defensas. Durante los cambios de clima, es vital asegurar una ingesta adecuada de vitamina C (presente en cítricos, kiwi y pimientos) y zinc (en frutos secos y legumbres), nutrientes esenciales para la función inmunitaria.

La hidratación es igualmente crítica. Beber suficiente agua, caldos o infusiones tibias ayuda a mantener las mucosas húmedas y funcionales, permitiéndoles atrapar virus y bacterias eficazmente.

La estrategia de las capas y la higiene
Externamente, la regla de oro para lidiar con la amplitud térmica es vestirse «por capas» (estilo cebolla). Esto permite regular la temperatura corporal durante el día, quitando o agregando prendas para evitar tanto el enfriamiento súbito como la sudoración excesiva, que al secarse sobre la piel puede generar un choque térmico perjudicial.

A nivel higiénico, el lavado frecuente y meticuloso de manos con agua y jabón sigue siendo la medida individual más efectiva para cortar la cadena de contagio. Asimismo, es imperativo ventilar los ambientes cerrados (oficinas, transporte público, hogar) al menos una vez al día para disipar la carga viral que se concentra en el aire viciado.

Finalmente, no se debe subestimar el descanso. Un sueño reparador de entre siete y ocho horas es vital; es durante el sueño cuando el cuerpo repara tejidos y consolida su memoria inmunológica. Afrontar el cambio de clima con éxito requiere anticipación: blindar el cuerpo con hábitos saludables antes de que aparezca el primer estornudo.

Foto: Archivo propio IA.

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