Nos enseñaron que poder con todo es una virtud. Ser fuertes, independientes, resolver, no depender de nadie. Pero ¿qué sucede cuando la autosuficiencia deja de ser una elección y se convierte en una obligación?
“Yo puedo sola/o”. “No necesito ayuda”. “Tengo que poder”. “No quiero molestar a nadie”. Frases cotidianas que, en ocasiones, pueden esconder algo más profundo: miedo a depender, a ser juzgados, a decepcionar o a mostrar que no tenemos todas las respuestas.
La independencia es saludable cuando implica autonomía: la capacidad de decidir, actuar y hacernos responsables de nuestra vida. Ser autónomos no significa hacerlo todo solos; también implica reconocer cuándo podemos recurrir a otros.
El problema aparece cuando la autonomía se transforma en un mandato: “debería poder solo/a”. Allí, la autosuficiencia puede convertirse en una armadura. Una forma de protegernos de aquello que percibimos como vulnerable y, al mismo tiempo, de evitar sentirnos necesitados.
En contextos donde se valoran especialmente la productividad, el control y la capacidad de resolver, pedir ayuda puede llegar a interpretarse como fracaso. Así, aprendemos a ocultar necesidades emocionales y a sostener una imagen de fortaleza incluso cuando internamente estamos agotados.
Sin embargo, la vulnerabilidad no significa exponernos indiscriminadamente. Es poder reconocer lo que nos pasa, expresar una necesidad y permitirnos pedir y recibir apoyo. Para ello también hacen falta confianza, límites y discernimiento.
Y aquí aparece una paradoja: cuanto más intentamos demostrar que podemos solos, menos posibilidades tenemos de experimentar algo esencial: ser acompañados.
¿Por qué nos cuesta tanto decir “no puedo”, “necesito ayuda” o simplemente “esto me está pasando”?
En mis sesiones de coaching, creamos un espacio para detenernos, revisar esas frases que repetimos casi sin darnos cuenta y preguntarnos qué hay detrás de ellas: ¿una verdadera elección o la necesidad de demostrar que podemos con todo?
Porque quizás la verdadera fortaleza no esté en no necesitar a nadie, sino en poder reconocernos humanos, con límites, necesidades y contradicciones.
Poder solos es una capacidad. Poder pedir ayuda, una elección. Y permitirnos ser acompañados, también puede ser una forma de fortaleza.
Tal vez no se trate de dejar de ser autosuficientes, sino de dejar de usar la autosuficiencia como una armadura.
“La vulnerabilidad no es ganar o perder; es tener el coraje de presentarnos y ser vistos – Brené Brown”
Mónica Salvaneschi
Business Trainer, Practitioner y Facilitadora de Points of You
Master Coach Ikigai – Coach Ontológico, Ejecutivo, Vocacional y de Equipos
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Foto de tapa: Archivo IA.
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