En estos tiempos, se habla y se escucha cada vez más sobre seres no terrestres: Pleyadianos, Sirianos, Arcturianos. Para algunos, estos términos resultan familiares; para otros, son palabras que nunca antes habían cruzado su camino.
En mi caso, soy canal del Colectivo Pleyadiano desde que tengo memoria en esta vida, aunque no siempre supe de qué se trataba. De pequeña, simplemente sentía una guía y protección constante; había determinada información que llegaba a mí con naturalidad. Sin embargo, a medida que fui creciendo y ganando consciencia, no les voy a mentir: comencé a sentir miedo. Aquel “escuchar voces” sonaba extraño en el mundo de los años 2000; se parecía más a un diagnóstico de salud mental que a otra cosa.
Pero, como bien dicen, cuando el alumno está preparado, el maestro aparece. Alrededor de mis 16 años, atravesé algunos desafíos con la alimentación y mis padres decidieron llevarme a una nutricionista. Aquella profesional, un ser de una luz plena, supo ver más allá de los síntomas y me aconsejó visitar a quien —aún hoy, veinte años después— continúa siendo mi terapeuta holística. Jamás se me ocurrió mencionarle a la nutricionista aquellas «voces», pero evidentemente, su intuición supo exactamente qué debía hacer.
La primera vez que entré al espacio de mi terapeuta, envuelta en aromas de rosas y sahumerios, le confesé con casi pánico: “Escucho voces y no creo ser de este planeta”. Su respuesta me desarmó por completo: “Bienvenida al club”.
Ese día comprendí que esas voces eran canalizaciones y que mi canal es telepático. Supe que recibía la misma información que tantas otras personas en el mundo y que provenía del Colectivo Pleyadiano. Allí comenzó mi verdadero camino de transformación personal. Entendí que crecer no es otra cosa que volvernos más parecidos a quienes somos en esencia.
Pensar que somos los únicos humanos en la vastedad de un Universo que ni siquiera logramos imaginar es, por lo menos, una mirada inocente. El Universo es Vida y está repleto de ella en las más diversas formas, escalas vibratorias y frecuencias.
En nuestro amado planeta —o como suelo canalizar que le llaman, la Nave Madre Tierra— vibramos en la Tercera Dimensión hasta el año 2012. En ese punto, Gaia comenzó a elevar su frecuencia hacia la Cuarta Dimensión y, a partir del 2020, empezó a vibrar en la Quinta Dimensión. Esta evolución dimensional no sucede de forma aislada: ocurre con todos los seres que la habitamos, ascendiendo nuestra propia frecuencia junto con ella.
Al parecer, este es un proceso que se ve pocas veces en el Universo y, por ello, no solo somos observados por la vida reinante en el cosmos, sino que somos asistidos constantemente. Los colectivos Pleyadianos, Sirianos y Arcturianos, junto a grupos intraterrenos como los Erkianos, están en contacto permanente. Se trata de una asistencia que hemos pactado antes de nuestras encarnaciones.
Finalmente, millones de los que estamos hoy físicamente en la Tierra hemos venido por decisión álmica a participar de este evento en particular. Este es el tiempo para el que estuvimos “entrenando” hace más de dos mil años. Siendo oriundos de otras dimensiones y planetas, traemos nuestra consciencia como servicio mientras aprendemos del mundo físico. Esta es la descripción de lo que, en el mundo de las canalizaciones, conocemos como Semilla Estelar.
Hoy, el desafío es recordar quiénes somos y para qué vinimos. El cielo ya no está «allá afuera»; está despertando en nuestro interior.
Al leer estas líneas y conectar con tu propia historia… ¿sientes ese llamado en tu interior? ¿Te reconoces también como una Semilla Estelar?.
Ma. Celeste Ferrari.
Counselor Integrativa. Terapeuta Holística. Abogada.
https://www.instagram.com/counselingintegrativo/
Qué es el Counseling Integrativo

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