Columna: ¿Somos lo que comemos?, plásticos y disruptores endócrinos

Si hablamos de plásticos nos cuesta imaginar su relación con los alimentos. Sin embargo… Desde hace aproximadamente 30 años, miles de productos químicos llegan cotidianamente a nuestras vidas sin haber sido controlados para evaluar su posible toxicidad.

A partir de 1990 la mayoría de los países del mundo gozaban de una bonanza financiera que, ficticia o no según cada país, dió paso a la “globalización”: la transformación socio cultural más importante desde la Revolución Industrial. Paralelamente, surgen la transgenización de los cereales y alimentos en general y la producción masiva y sin control de productos químicos.
Muchos de éstos se comportan como hormonas en nuestro cuerpo: se llaman disruptores hormonales o endócrinos. Simulan ser hormonas pero no lo son. Interrumpen el normal flujo y el metabolismo de nuestras propias hormonas.

Un ejemplo claro de esta situación son los productos de limpieza para nuestro hogar ya que “todos” son disruptores, por lo que es altamente recomendable usar guantes de látex o goma para utilizarlos y revalorizar el uso de lavandina, bicarbonato y vinagre como principales agentes limpiadores.

Parabenos, emulsionantes, conservantes y colorantes, metales pesados y obviamente los plásticos, están presentes en nuestra vida cotidianamente.

Plásticos
La magnitud del problema de la contaminación ambiental y humana por plásticos aún no es bien comprendida por la población en general y sobre todo ignorada por las autoridades. Una gigantesca isla de plástico de más de cinco veces el tamaño de Buenos Aires se encuentra en el océano Pacífico, producto de decenas de años de producción y utilización inescrupulosa.

En nuestro cuerpo los microplásticos se comportan como disruptores hormonales alterando el flujo normal de hormonas femeninas, que todos los humanos generamos. Durante 1950 y 1960 los científicos alertaron acerca de las patologías en el aparato reproductor femenino y en las mamas de los grandes mamíferos del mar. Hoy sabemos que el origen de este problema era la presencia cada vez mayor de plásticos en el océano asociado al aumento progresivo de las temperaturas del agua, habilitándolos así a comportarse como disruptores y alterando el metabolismo de las hormonas femeninas de las ballenas y delfines hembras.

Se los han encontrado en la fosa de las Marianas a 8000 metros debajo del nivel del mar, en la cima del Everest a 8000 metros de altura y cada vez que mascamos un chicle, ingerimos miles de partículas de microplásticos.

Existe legislación en nuestro país que prohíbe la producción de plásticos como los bisfenoles. Pero la ley no alcanza y plásticos sin control forman parte de nuestras vajillas, de nuestros muebles, de los juguetes y de las telas de nuestra ropa. Sería bueno para el planeta, para nosotros y las generaciones venideras, reemplazar su uso y utilizar vidrio, cerámica, enlozados, hierro fundido o acero inoxidable para preparar y conservar alimentos; no calentarlos usando envases de plástico dentro del horno a microondas; evitar el uso de vasos, platos o bandejas de telgopor, sobre todo si servimos bebidas calientes en ellos.

Es imperativo reconocer en las etiquetas de nuestra ropa la presencia de productos plásticos como el durex o el nylon. Millones de toneladas de ropa yacen en el desierto de Atacama en Chile, y los incendios generados por la combustión de los plásticos al sol, vuelven irrespirable el aire de las poblaciones aledañas.

Es urgente comprender y hacer comprender a nuestros hijos e hijas que la solución no está en reciclar los plásticos: “la única solución está en no comprar más”, en no utilizarlos, en reemplazarlos por otros materiales inertes, no tóxicos y sobre todo, durables. El concepto de comprar y desechar como paradigma de la globalización, debiera ser desterrado.

Si ya es un hecho comprobado por la ciencia que la leche materna los contienen, siendo el alimento esencial durante los primeros mil días de nuestro bebés, la solución es comprender que también para los plásticos vale preguntarnos: ¿Somos lo que comemos?.

Dra. Patricia Taurel
Médica Pediatra, especialista en Salud Ambiental – MN. 74.336
@pediatria.integrativa.ptaurel

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