Acá en Argentina, hay fechas que no son simplemente un número en el almanaque.
Son cicatrices, son abrazos colectivos, son momentos donde el país entero se para a mirar su propia historia. El 2 de Abril es, quizás, una de las más profundas.
Es el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, un día que nos cala hondo, que nos une en el recuerdo y, sobre todo, en el respeto absoluto hacia esos hombres y mujeres que dieron todo por la patria.
Este no es un aniversario más. Son 44 años de memoria constante. Todo empezó en 1982, cuando el país, bajo una dictadura militar que se caía a pedazos, se embarcó en una causa justa —la recuperación de nuestras islas— pero a través de un camino equivocado. Lo que siguió fue una guerra breve pero feroz en el Atlántico Sur, un conflicto que dejó marcas imborrables en nuestra sociedad y en el alma nacional.

Cuando pensamos en Malvinas, la primera imagen que se nos viene a la cabeza es la de nuestros pibes. Chicos de 18 o 19 años, que quizás semanas antes estaban terminando el secundario o laburando, y que de golpe se encontraron en una trinchera congelada, a miles de kilómetros de su casa, enfrentándose a una de las mayores potencias militares del mundo. Esos soldados conscriptos son el corazón de este recuerdo. Bancaron el frío extremo, el hambre, el miedo constante y la soledad con una valentía que emociona y que todavía hoy, nos llena de orgullo. No tenían la mejor tecnología ni el equipamiento ideal, pero tenían un coraje inmenso y el amor por los colores de la bandera.

La deuda con ellos es eterna. 649 argentinos cayeron en combate. Muchos de ellos quedaron allá, como custodios eternos de nuestro suelo y de nuestro mar. Otros tantos cayeron en la posguerra, en una lucha silenciosa y dolorosa contra las secuelas invisibles del conflicto. El regreso fue casi peor que la guerra misma. Llegaron en silencio, por la puerta de atrás, a una sociedad que, confundida por la derrota y los cambios políticos, les dio la espalda durante mucho tiempo. Ese proceso de «desmalvinización» fue una segunda herida, una injusticia histórica que, afortunadamente, con los años y la lucha de los propios veteranos, empezamos a sanar.

Hoy, la sociedad argentina los abraza.
Malvinas es una de las pocas causas que nos une a todos, por encima de cualquier grieta o diferencia.
Es un sentimiento nacional, un reclamo pacífico y constante de soberanía que se transmite de generación en generación.
La historia de cada veterano es una lección de vida, un recordatorio de lo que significa el sacrificio y la identidad nacional.
Este 2 de Abril, y todos los días, el mejor homenaje que podemos hacerles es mantener viva su memoria, contar sus historias y seguir reclamando, por la vía diplomática y el derecho internacional, lo que legítimamente nos pertenece: Las Malvinas fueron, son y serán siempre argentinas. ¡Honor y Gloria a nuestros Héroes!
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