El negocio del «casi algo»: Por qué las apps de citas prosperan aunque los usuarios encuentren pareja

A primera vista, parece el peor modelo de negocio del mundo. La premisa fundamental de aplicaciones como Tinder, Bumble o Hinge es conectar a dos personas para que inicien una relación. Si la aplicación cumple su objetivo con eficacia, el resultado lógico es que esos dos usuarios, felices y emparejados, eliminen la aplicación de sus teléfonos. Bajo esta lógica lineal, si una app de citas es exitosa, debería trabajar activamente para reducir su propia base de usuarios hasta desaparecer.

Sin embargo, la realidad es muy distinta. La industria del «dating» online genera miles de millones de dólares anualmente y sigue creciendo. ¿Cómo se explica esta paradoja? La respuesta reside en que el verdadero negocio no es el destino final (la pareja estable), sino la monetización del viaje y la naturaleza cíclica de las relaciones modernas.

El primer pilar de su supervivencia es el modelo «freemium». El acceso básico es gratuito, lo que garantiza una masa crítica de usuarios, el «producto» esencial para atraer a otros. Pero la experiencia gratuita está diseñada con fricciones calculadas. Los usuarios se enfrentan a límites de «likes» diarios, no pueden ver quién se interesó en ellos previamente o su perfil queda enterrado bajo miles de otros.

Aquí entra la monetización de la impaciencia y la inseguridad. Para superar estas barreras, el usuario debe pagar suscripciones premium (Gold, Platinum, Premium). Estas herramientas ofrecen visibilidad («boosts»), likes ilimitados y filtros avanzados.

El negocio no radica en que encuentres pareja rápidamente, sino en que te sientas lo suficientemente motivado (o frustrado) para pagar por atajos que prometen acelerar el proceso. Mientras el usuario busca, la app factura.

En segundo lugar, estas plataformas utilizan principios de diseño adictivo similares a los de las máquinas tragamonedas en los casinos. La mecánica del «deslizamiento» (swipe) ofrece una recompensa variable: nunca sabes si el próximo perfil será la persona de tus sueños. Esta inyección intermitente de dopamina genera un bucle de retroalimentación que mantiene al usuario enganchado, siempre con la sensación de que podría haber «algo mejor» a solo un deslizamiento de distancia, fenómeno conocido como la paradoja de la elección.

Finalmente, el mercado de solteros es una «puerta giratoria». La demografía juega a su favor: cada día, nuevas personas alcanzan la mayoría de edad e ingresan al mercado. Más crucial aún es el hecho de que las relaciones humanas son complejas y, a menudo, finitas. Una pareja puede formarse hoy y eliminar la app, pero si la relación termina en seis meses o dos años, esos usuarios volverán al ecosistema digital, a menudo más dispuestos a pagar para evitar empezar de cero.

En conclusión, las apps de citas no necesitan que fracases en el amor para subsistir; solo necesitan que tu búsqueda sea lo suficientemente larga para rentabilizarla y que el ciclo natural de las relaciones te traiga de vuelta eventualmente. Venden la esperanza de una conexión definitiva, pero su éxito financiero depende de la búsqueda perpetua.

Foto: Archivo propio IA.

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