Estar Bien!: Cómo fortalecer el valor propio de los niños a través del diálogo y la empatía

La percepción que un niño tiene de sí mismo, de su valor y de su imagen personal comienza a gestarse en el núcleo familiar desde muy temprana edad.

En una charla profunda con Verónica Varano, la licenciada Aldana Rodríguez, trabajadora social con más de 20 años de experiencia acompañando realidades familiares complejas, señaló que los padres son los «grandes arquitectos» de este proceso [[01:54].

Sin embargo, advirtió que una autoestima saludable no se construye simplemente llenando a los niños de elogios vacíos o frases hechas, sino acompañándolos de manera sincera en la realidad de sus vivencias, incluso en el error.

El arte de preguntar en lugar de validar
Uno de los pilares que propuso la especialista es abandonar la respuesta automática de «está todo bien» cuando un niño fracasa en una tarea o un deporte. «Los chicos son muy sabios y se dan cuenta de todo; cuando algo no está bien, saben que no está bien por más de que les digamos que es bárbaro», explicó.

En lugar de imponer una visión adulta que invalide la frustración del niño, Rodríguez sugiere practicar el «arte de hacer preguntas»: si un niño pregunta cómo jugó un partido de básquet, lo ideal es devolverle el interrogante: «¿Y vos cómo te sentiste? ¿Qué pensás?» [[03:32].

De esta manera, el foco se desplaza de la búsqueda de validación externa hacia la propia percepción y reflexión del niño. Esto permite que los más pequeños comiencen a pensar la vida no como una escala rígida de «bien o mal», sino como un proceso de evolución y aprendizaje continuo [[03:59].

Qué hacer ante sentimientos de «inutilidad» o inseguridad
Escuchar a un hijo decir frases como «soy feo», «soy un inútil» o «nada me sale bien» es una de las situaciones más desgarradoras para una madre o un padre. Ante esto, la licenciada advierte sobre el error común de querer convencer al niño inmediatamente de que está equivocado mediante elogios exagerados, lo cual suele generar que el niño deje de compartir sus sentimientos al no sentirse comprendido.

«Lo primero es empatizar y validar ese sentimiento», sostuvo la profesional [[10:11]. Una técnica efectiva para romper esa barrera es compartir historias personales de vulnerabilidad: contarle que el adulto, a su edad, también tuvo miedos, pensamientos «feos» o inseguridades con su físico, y explicarle cómo logró sentirse más seguro con el tiempo [[10:53]].

Este puente emocional le permite al niño entender que lo que siente es normal y que cuenta con guías que lo apoyan y confían en su capacidad para estar mejor [[11:16].

Comparación, bullying y expectativas adultas
Durante la etapa escolar y la preadolescencia, la comparación con los pares se vuelve central. Aldana Rodríguez enfatizó que el valor debe ponerse en el proceso y el esfuerzo, no en el resultado final. Si un compañero es más talentoso en una disciplina, los padres deben ayudar al niño a identificar sus propias habilidades diferenciales para evitar que el éxito ajeno mine su propia confianza [[08:43].

Respecto al maltrato entre pares o bullying, subrayó que lo que un compañero dice no define quién es el niño, sino que habla mucho más de la falta de empatía o del proceso de aprendizaje de quien emite el insulto. «La palabra del otro no te define», recordó, instando a las familias a enseñar a poner límites sanos y a encontrar formas asertivas de responder ante la agresión [[14:24].

El método de transformación familiar
La propuesta de Rodríguez se centra en trabajar directamente con los padres y no con los niños de forma aislada. Su enfoque de «transformación familiar» busca que los adultos encuentren sus propias herramientas basadas en su criterio de realidad y su esencia, evitando recetas universales que no se pueden sostener en la rutina diaria [[17:42].

Finalmente, abordó el tema de los límites, entendiéndolos no como una restricción autoritaria nacida del miedo a perder el control, sino como una estructura necesaria que brinda seguridad y orden a la vida del niño [[20:04].

Al estar los padres seguros y acompañados en su rol, la autoestima de los hijos encuentra un suelo fértime donde crecer con autenticidad y resiliencia [[16:43].

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