Estar Bien!: El desafío de integrar el duelo y sanar la autoestima

¿Qué significa realmente «duelar»? Para la licenciada Natalia Sánchez (Psicóloga – MP. 3.517) con más de una década de experiencia clínica, el duelo es el trasfondo de la mayoría de las problemáticas que llegan al consultorio.

Lejos de ser un proceso lineal o exclusivo ante la muerte, Sánchez sostiene que el duelo es una constante en la vida humana, gatillado por cierres de etapas, mudanzas o rupturas de pareja que impactan directamente en quiénes somos [[03:20].

En su próximo libro, titulado Habitar la ausencia, la especialista desarrolla la íntima relación entre la pérdida y la autoestima. Según explica, la autoestima no es solo amor propio, sino un conjunto de elementos como el autoconcepto y la capacidad de poner límites. Cuando no sabemos dar un cierre a una etapa que «se descascara», nuestra identidad se ve comprometida [[06:17].

Heridas que se reeditan y el efecto espejo
Uno de los puntos más reveladores de la entrevista fue cómo una pérdida actual puede reactivar traumas del pasado que no fueron debidamente procesados. Sánchez, especialista también en terapia de pareja, señala que muchos conflictos vinculares actuales son en realidad «reproducciones de destino»: personas que repiten heridas paternas o maternas no sanadas [[08:29].

«A veces el otro toca una fibra, activa un nervio y todo estalla porque hay algo que no se sanó», detalla. Es lo que en clínica se conoce como el «duelo retrasado», situaciones donde, por ejemplo, una enfermedad actual obliga a la persona a enfrentar finalmente la muerte de un progenitor ocurrida años atrás [[13:32].

El perdón como acto de inteligencia emocional
Sánchez propone una mirada disruptiva sobre el perdón, alejándolo de la justificación religiosa o espiritual para situarlo en el terreno de la salud fisiológica. Sostiene que mantener el rencor activa el sistema hipotálamo-hipófisis-adrenal, liberando cortisol de forma crónica y alterando el sistema inmune y la microbiota [[10:49].

«El perdón es un acto de inteligencia emocional para ser libres. En el duelo, el perdón viene después de atravesar la negación, el enojo, la negociación, la tristeza y la aceptación», afirma la profesional [[11:31].

Cómo acompañar y ser acompañado
Frente a la presión social por «estar bien» rápidamente, la psicóloga advierte que los ritmos biológicos rara vez coinciden con los sociales. No hay un tiempo universal para el duelo y las formas de manifestarlo son múltiples: desde la tristeza profunda hasta el uso de «máscaras» sociales para ocultar el dolor [[15:31].

Para quienes no saben cómo ayudar a alguien sufriente, Natalia sugiere recurrir a la empatía básica: preguntar «¿cómo te gustaría que lo hagan conmigo?». En casos de personas más cerradas, recomienda un acompañamiento sutil —compartir un café o un libro— sin forzar la verbalización del trauma hasta que la persona se sienta lista [[21:07].

La meta definitiva no es el olvido, sino la integración. «La idea no es superar el duelo, sino aprender a integrarlo. Cuando no lo integro, vivo dividido», concluye [[12:37].

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