Entre el desierto y el Mediterráneo, la cocina jordana es sinónimo de compartir. Con el mansaf como emblema nacional, mezcla tradición beduina, ingredientes del Levante y el ritual de comer con las manos.
Si hay un plato que resume a Jordania, es el Mansaf. Declarado plato nacional y Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO en 2022, es un festín beduino de cordero o cabra cocido en jameed, un yogur seco fermentado. Se sirve sobre arroz con cúrcuma y pan markook o shrak en el fondo de una bandeja grande, coronado con almendras, piñones y perejil.
El Mansaf no es comida para uno. Es comida para todos. Se coloca en el centro de la mesa y se come con la mano derecha, mientras la izquierda va detrás de la espalda. “Cuando compartimos comida, compartimos la vida misma”. Aparece en bodas, funerales, nacimientos y para hacer las paces.
Jordania forma parte de la cocina levantina, junto a Siria, Líbano y Palestina. Eso se nota en la mesa diaria: caed
Platos principales:
– Musakhan: Pollo horneado con cebolla, aceite de oliva y piñones sobre pan.
– Maqluba: «Arroz al revés», guiso de pollo o carne con verduras que se invierte para servir.
– Shish Kebab: Brochetas de cordero o pollo marinado.
Para picar – los _mezze_: Hummus, baba ghanooj de berenjena, tabbouleh, falafel y fatteh con pan crujiente, garbanzos y yogur. También el qalayet bandora, una cazuela simple de tomate, cebolla y pimiento del Valle del Jordán.
Lo dulce: Knafeh con queso, baklava de nueces en almíbar y ma’amoul rellenos de dátiles.
Costumbres: El té con cardamomo es infaltable. El aceite de oliva es base de todo. Y la hospitalidad es regla: los jordanos reciben al visitante como familia. caedaad1e42e
Cierre: Comer en Jordania es entrar en su historia beduina, agrícola y mediterránea a la vez. Es arroz, cordero, yogur y pan compartidos. Es sentarse en ronda y que nadie se levante hasta que el último bocado se terminó.
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