Cuando se habla de candidatos a dar el golpe en el Mundial 2026, los nombres que saltan primero son Noruega con Haaland, Ecuador por su solidez o Japón por su disciplina. Paraguay, en cambio, casi ni aparece en las conversaciones. Y ahí está precisamente su mayor ventaja.
La Albirroja vuelve a una Copa del Mundo después de 16 años de ausencia (la última fue Sudáfrica 2010) y lo hace en silencio, casi como pidiendo perdón por estar. Empezó las eliminatorias sudamericanas “dando pena”, con un equipo deshilachado y sin rumbo. Todo cambió cuando llegó Gustavo Alfaro. El DT argentino resucitó a una selección que parecía perdida y la convirtió en una de las más difíciles de Conmebol. Paraguay perdió apenas cuatro de sus últimos 18 partidos, incluyendo triunfos épicos como locales ante Argentina (2-1) y Brasil (1-0). Clasificó sexta, pero con una racha de nueve encuentros invictos que incluyó también a Uruguay.
No tiene figuras rutilantes que llenen portadas, y ese es su secreto. El equipo se sostiene en un bloque compacto, una defensa férrea y un sentido de unidad que pocos tienen. El capitán Gustavo Gómez, pilar del Palmeiras, es el emblema: autoridad, liderazgo y experiencia. A su lado, Omar Alderete, Junior Alonso y Fabián Balbuena forman una muralla. En el medio, Andrés Cubas y Damián Bobadilla dan equilibrio, mientras Miguel Almirón y el joven Julio Enciso aportan desequilibrio y velocidad en ataque. Arriba, Antonio Sanabria y Ramón Sosa son los encargados de convertir las pocas chances que genera el equipo.
El Grupo D le regaló un camino accesible: Estados Unidos (local), Australia y Turquía. Ninguno de ellos es imbatible. Si Paraguay termina primero o segundo, en octavos de final podría cruzarse con un tercero de otro grupo y en cuartos, eventualmente, con Bélgica. No es un camino de rosas, pero tampoco el “grupo de la muerte” que le tocó a otros. Alfaro ya demostró que sabe armar equipos que rinden por encima de su talento individual.
En un Mundial expandido a 48 selecciones, las sorpresas ya no son excepción: son la norma. Marruecos lo hizo en 2022. Costa Rica en 2014. Paraguay tiene los mismos ingredientes: solidez defensiva, un DT con experiencia y un grupo que cree en lo que hace. No promete fuegos artificiales ni goles espectaculares. Promete pelear cada pelota como si fuera la última y hacer sufrir a cualquiera que se cruce.
Nadie la tiene entre las favoritas. Nadie la menciona en las quinielas. Y justamente por eso, Paraguay puede ser la sensación que nadie vio venir. La Albirroja está de vuelta. Y viene calladita, pero con ganas de hacer ruido.
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