La reciente y repentina crecida del mar que inundó las playas de Santa Clara del Mar, arrastrando sombrillas y desconcertando a los turistas, volvió a poner en agenda un término científico que, aunque ajeno para la mayoría, es un viejo conocido de la costa bonaerense: el meteotsunami.
A diferencia de las imágenes catastróficas del cine, aquí la tierra no tiembla antes del golpe; la amenaza, paradójicamente, llega desde el cielo.
¿Qué es y cómo se forma?
Técnicamente, un meteotsunami es una ola de características similares a un tsunami sísmico, pero generada por perturbaciones meteorológicas. No nace por el movimiento de placas tectónicas, sino por cambios bruscos y rápidos en la presión atmosférica, generalmente asociados a líneas de inestabilidad, frentes fríos o tormentas eléctricas que se desplazan velozmente sobre el mar.
El mecanismo clave se llama «resonancia de Proudman»: cuando la perturbación atmosférica se mueve a la misma velocidad que viajan las olas en el agua, se genera una transferencia de energía eficiente. El aire actúa como un pistón invisible que empuja la superficie oceánica. Al llegar a la costa, la topografía del fondo marino —especialmente en bahías estrechas o zonas de poca profundidad— amplifica la altura de la ola, provocando la inundación repentina.
Un fenómeno global con nombres propios Aunque el evento en la provincia de Buenos Aires generó asombro, estos episodios ocurren en lugares específicos de todo el mundo y son tan recurrentes que tienen nombres locales. El caso más famoso es la «rissaga» en Ciutadella (Menorca, España), donde el puerto se vacía y se llena violentamente en minutos, causando destrozos en embarcaciones.
En Japón se lo conoce como «abiki» (frecuente en la bahía de Nagasaki); en el Mar Adriático como «scighera» y también es común en los Grandes Lagos de Estados Unidos. La costa argentina es propensa a este fenómeno debido a su extensa plataforma continental de baja profundidad, lo que favorece la fricción y la acumulación de agua ante los cambios de presión.
El desafío de la alerta temprana
El mayor peligro de los meteotsunamis radica en su imprevisibilidad. Los sistemas de alerta de tsunamis tradicionales, diseñados para detectar sismos submarinos, son «ciegos» ante ellos porque no hay terremoto previo. La ola llega en silencio.
Advertirlos requiere una vigilancia meteorológica de alta precisión y tiempo real: el monitoreo de microbarómetros para detectar saltos de presión y el uso de radares para seguir la velocidad de las tormentas.
Lo ocurrido en Santa Clara del Mar funciona como un recordatorio: en tiempos de cambio climático y eventos extremos, mirar al cielo es tan importante como vigilar el mar.
Foto: Archivo propio IA.
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