«Los niños son nuestros espejos», afirma contundente la Dra. Lelis Hayipandelli, pediatra especialista en neurodesarrollo y medicinas holísticas, durante su paso por el ciclo Pausa con Karin Cohen.
Su visión de la medicina infantil se aleja de la receta automática para adentrarse en la dinámica familiar profunda. Para Hayipandelli, el niño no es un paciente aislado, sino parte de un sistema donde sus síntomas —ya sean físicos o conductuales— vienen a mostrar algo que los adultos necesitan resolver o evolucionar [06:57].
De la medicina tradicional a la cuántica
Hayipandelli no siempre tuvo esta mirada. Formada rigurosamente en la universidad y con años de experiencia en guardias hospitalarias, fue su propia crisis de salud la que la empujó a buscar nuevas respuestas. Padecimientos crónicos que la medicina alopática no lograba resolver la llevaron a explorar la biodecodificación y la medicina cuántica, entendiendo al ser humano como átomos vibrando en resonancia con emociones y pensamientos [03:56].
Hoy, integra estos saberes en su consultorio a través del método Quantec y su propio sistema de observación del neurodesarrollo, EvaSet Bebé. Su premisa es clara: los niños, al tener un alma más «liviana» y menos condicionada, actúan como reflectores de los estados emocionales de sus padres [10:50].
El desafío del sueño y el apego
Una de las consultas más frecuentes es la falta de sueño. Lelis Hayipandelli es tajante respecto a los métodos de adiestramiento como dejar llorar al bebé: «No es propicio… genera miedo, inseguridad y además el que te sostiene está fuera de la puerta» [15:58].
Para niños mayores de dos años que aún les cuesta dormir solos, la doctora propone una técnica creativa: crear un «útero fuera del útero». Esto consiste en armar un espacio seguro —como un colchón al piso con una carpa o dosel— donde la madre o el padre acompañen la transición al sueño desde la calma y la meditación, actuando como «guardianes» hasta que el niño se sienta seguro para descansar [12:36].
Movimiento libre: por qué decirle adiós al corralito
En cuanto al desarrollo motor, la especialista advierte sobre el uso de elementos de contención como el corralito. Aunque parecen seguros para los padres, limitan la exploración y la autogestión del niño. «Tiene una pared y no te ve… genera miedo, genera ‘tengo que controlarme'», explica [19:26].
El movimiento libre es crucial para la integración de los reflejos primarios. Si un niño no pasa suficiente tiempo en el suelo o se salta etapas como el gateo, estos reflejos pueden no integrarse correctamente, derivando años más tarde en diagnósticos de hiperactividad o déficit de atención. «Cuando este sistema de control motor no está integrado… viene alguien y me bloqueo», ilustra Pandeli, comparando el sistema nervioso inmaduro con conducir un auto sin saber usar los cambios [20:06].
Los niños no manipulan, enseñan
Finalmente, la doctora invita a derribar el mito de que los niños son manipuladores. Para ella, los berrinches o las conductas desafiantes son invitaciones a elevar la conciencia familiar. «El niño simplemente viene a enseñarnos algo que todavía no aprendimos», asegura [23:17].
Aceptar esta maestría implica valentía, ya que obliga a los padres a romper patrones heredados de crianza basada en la represión o el grito. El premio, sin embargo, es invaluable: pasar del conflicto constante a un hogar donde reinen la paz y el amor.
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