Detrás de cada gran proyecto suele haber una historia que le da sentido a cada detalle.
Ese es el caso de un emprendimiento de pastelería artesanal que visitó el ciclo de entrevistas conducido por Tomi Dente.
Su creadora, Carolina, es una docente que divide sus horas entre las aulas de secundaria y la cocina, donde ha logrado «sublimar» un dolor personal a través del arte de los sabores [[06:55].
De las aulas a la cocina: un camino de superación
Carolina relató que el proyecto cobró fuerza durante la pandemia de 2020. En un momento de profunda angustia por la pérdida de su hermano menor, Agustín, la cocina se convirtió en su refugio y mecanismo de defensa. «Lo utilicé como un sistema de distracción para poder superar una situación familiar; pasar esas horas creando fue poner una barrera al dolor», confesó emocionada [[06:21].
El nombre de la marca es un acrónimo que simboliza la unión entre Carolina y su sobrina e ahijada Emilia (hija de su hermano Agustín), quien fue su gran sostén emocional en los momentos más oscuros [[11:13].
Alfajores con historia: el San Agustín
Uno de los productos estrella de la pastelería es el alfajor San Agustín, creado en homenaje a una anécdota familiar protagonizada por su hermano. Carolina recordó cómo Agustín solía «hacer desaparecer» los bombones rellenos que ella preparaba para las ferias de Mercedes [[09:41].
Este alfajor se distingue por sus tapas de cacao amargo y un doble relleno: un cordón de dulce de leche tradicional que rodea un centro de ganache de dulce de leche, todo bañado en chocolate semiamargo [[12:07]. Con un peso aproximado de 129 gramos y un grosor imponente, es el símbolo de la dedicación de la marca [[20:22].
Elaboración 100% artesanal
El proceso es riguroso: Carolina trabaja sola en la producción, dedicando hasta 12 horas diarias durante los fines de semana o eventos especiales [[23:22]. Cada alfajor —dentro de una variedad de más de 20 sabores que incluyen nuez, miel pura de panal y naranja— es bañado a mano [[17:18].
Además de los alfajores, la pastelería ofrece tortas clásicas como la Balcarce, la Chajá y la sofisticada Devil’s Cake (torta del diablo), un bizcocho de chocolate semiamargo decorado con trozos de sus propios alfajores [[22:43].
Para Carolina, cada bocado es una forma de mantener vivo un vínculo que solo cambió de forma. «Si no hubieran pasado estos hechos, tal vez este proyecto no estaría aquí. Hay un plan divino detrás de cada cosa», concluyó, demostrando que la pastelería, más que una técnica, es un acto de amor puro [[25:50].
Mirá el programa completo…
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