La lucha contra el aire acondicionado en el trabajo

La lucha contra el aire acondicionado se ha convertido en un verdadero clásico en el ámbito laboral. No importa si estamos en pleno verano con un sol que rajá la tierra, o el frío nos congela y adentro de la oficina, la cosa es otra.

Se arma un frío polar que te congela los huesos y, por supuesto, trae consigo el riesgo de agarrarse un resfrío o una gripe de esas que te dejan fuera de combate. La pregunta del millón es: ¿cómo hacemos para zafar de la enfermedad y no terminar estornudando en la cara del jefe?

Lo primero es la vestimenta. No te confíes con la temperatura de la calle. Por más que el termómetro marque x grados, siempre es bueno tener una capa extra a mano. Un saquito liviano, un chaleco o una pashmina son ideales para tener en la silla, listos para ser usados en cuanto el aire acondicionado empiece a hacer de las suyas. Esos pequeños aliados son la diferencia entre pasarla bien o tiritar durante toda la jornada.

Después, el tema de la hidratación. El aire frío y seco del aire acondicionado te deshidrata a lo loco. Por eso, es fundamental tener una botella de agua a mano y tomar de forma regular. El agua no solo te mantiene hidratado, sino que también ayuda a que tus mucosas no se sequen, que es la primera línea de defensa de tu cuerpo contra los virus y las bacterias. Un mate, un té o una infusión también son válidos, siempre y cuando no sean excesivamente calientes para no generar un contraste abrupto.

El movimiento también es clave. Quedarse sentado durante horas en un lugar frío no ayuda en absoluto. Es importante levantarse cada tanto, caminar un poco por la oficina, estirar los músculos y, si es posible, salir a tomar un poco de aire fresco para que el cuerpo se aclimate de a poco. Unos minutos de sol en la ventana, si la oficina lo permite, tampoco vienen mal para recargar energías y evitar el bajón.

Por último, y no menos importante, está el tema del diálogo. Muchas veces el problema no es el aire acondicionado en sí, sino la temperatura a la que está seteado. En vez de sufrir en silencio, es fundamental hablar con los compañeros y, si es necesario, con el encargado de la oficina para buscar un punto de equilibrio. Quizás se pueda subir un par de grados la temperatura, o cambiar el ángulo del flujo de aire para que no le dé de lleno a nadie. El diálogo es la herramienta más poderosa para evitar la guerra fría dentro de la oficina y, de paso, cuidarse la salud. Porque al final del día, lo importante es llegar a casa sin la nariz goteando.

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