Antes de preguntarnos por qué los vínculos fallan, tal vez sea necesario mirar el primero que aprendimos a descuidar.
Hablamos de vínculos todo el tiempo. Los pensamos, los analizamos, los sufrimos. Nos preguntamos por qué el otro no estuvo, no dijo, no eligió. Sin embargo, hay un vínculo del que casi no hablamos, aunque sea el que define a todos los demás: el vínculo con uno mismo.
Ese es el gran ausente en la trama relacional. El que se posterga. El que se negocia en silencio. El que se traiciona para pertenecer.
Aprendimos temprano que amar era adaptarse, ceder, comprender incluso lo incomprensible. Que el cuidado del otro era una virtud y el cuidado propio, un gesto egoísta. Así, sin darnos cuenta, empezamos a construir relaciones donde la prioridad no era la verdad emocional, sino la permanencia. Vínculos sostenidos más por el miedo a perder que por el deseo de estar.
El vínculo con uno mismo no se rompe de golpe. Se erosiona. Se desgasta en pequeños gestos cotidianos: decir que sí cuando el cuerpo pide no, callar lo que incomoda, minimizar lo que duele. No es un abandono dramático; es una renuncia progresiva. Y suele estar tan naturalizada que ni siquiera la registramos.
Cuando ese vínculo interno se debilita, los demás vínculos se vuelven frágiles, desiguales o dependientes. Porque nadie puede ofrecer presencia genuina cuando vive desconectado de sí. Lo que aparece entonces no es el encuentro, sino la estrategia: agradar, sostener, aguantar, esperar. Amar se vuelve un esfuerzo, no una experiencia viva.
Reconectar con uno mismo no es un acto romántico ni instantáneo. Es incómodo. Implica escucharse sin anestesia, reconocer deseos que quizás desarmen estructuras, aceptar pérdidas que ya estaban ocurriendo aunque no las nombremos. Volver a uno mismo exige coraje, porque muchas veces implica dejar de ser quien los otros esperan que seamos.
Pero solo desde ahí es posible un vínculo distinto. No perfecto, no libre de conflicto, pero honesto. Un vínculo donde no haya que desaparecer para ser querido. Donde la cercanía no se construya sobre el silencio, sino sobre la presencia.
Tal vez el verdadero trabajo vincular no sea aprender a amar mejor al otro, sino animarnos, por fin, a no abandonarnos a nosotros mismos en el intento.
Porque ningún vínculo puede sostenerse sano cuando su precio es dejar de ser quien uno es.
María Stella De Luca
Escritora, Coach, Mentora y Guía en Relaciones Conscientes.
Fundadora de Ms Coaching.
Contacto:
Web: https://mscoaching.ar/
Celular: +54-9-11 5060-4197
Email: mscoachingderelaciones@gmail.com
Redes Sociales:
LinkedIn: https://www.linkedin.com/company/mscoaching-ar
LinkedIn: https://ar.linkedin.com/in/msdeluca
Instagram: https://www.instagram.com/mscoaching.ar/
Facebook: https://www.facebook.com/mscoaching.ar
Youtube: https://www.youtube.com/@mscoachingderelaciones
TikToK: https://www.tiktok.com/@ms.coaching2

Seguí leyendo sobre