El periodista, el economista, el héroe: Las facetas olvidadas de Manuel Belgrano

El bronce suele ser un material injusto. Al congelar a los próceres en una pose eterna, muchas veces oculta la complejidad, las contradicciones y, sobre todo, las facetas más vanguardistas de sus vidas. Cada 20 de junio, Argentina se tiñe de celeste y blanco para celebrar el Día de la Bandera en homenaje al paso a la inmortalidad de Manuel Belgrano. Sin embargo, reducir su legado únicamente a la creación de nuestro símbolo patrio en 1812 es dejar de lado al pensador más disruptivo de la etapa revolucionaria.

A 206 años de su fallecimiento en la más absoluta pobreza en aquella Buenos Aires de 1820, redescubrimos al Belgrano intelectual: el economista obsesionado con el desarrollo local y el periodista que entendió, antes que nadie, el poder de la opinión pública.

El primer economista del Río de la Plata
Mucho antes de verse obligado a tomar las armas y liderar el Éxodo Jujeño o las batallas de Tucumán y Salta, Belgrano fue un hombre de leyes y números. Tras doctorarse en España, regresó en 1794 como Secretario Perpetuo del Real Consulado de Buenos Aires. Desde ese escritorio colonial, comenzó a esbozar ideas que parecían traídas del futuro:

  • Fomento de la industria local: Combatía el monopolio español argumentando que la exportación de materias primas sin procesar era una fábrica de pobreza. «Los bienes manufacturados valen más que la materia prima», repetía.

  • Rotación de cultivos y ecología: Fue pionero en advertir sobre el agotamiento de los suelos por el monocultivo, promoviendo la diversificación agrícola y la forestación.

  • Educación pública y técnica: Impulsó la creación de las escuelas de Dibujo, Náutica y Matemáticas. Para Belgrano, la educación no era un lujo, sino la herramienta económica fundamental para erradicar la miseria.

El periodista que rompió el molde
Belgrano compartía con Mariano Moreno la convicción de que una revolución no podía sostenerse si el pueblo no comprendía sus razones. Su labor en la prensa fue metódica y apasionada:

«La libertad de prensa es la base sobre la cual descansa la felicidad de los pueblos.»

El Telégrafo Mercantil (1801): Participó activamente en el primer periódico del Río de la Plata, utilizando sus páginas para difundir sus informes económicos y sus ideas sobre el libre comercio.

Semanario de Agricultura, Industria y Comercio (1802): Junto a Juan Hipólito Vieytes, utilizó este espacio como una verdadera plataforma de divulgación científica para los productores rurales.

Correo de Comercio (1810): Fundado por él mismo meses antes de la Revolución de Mayo, este periódico se transformó en el laboratorio ideológico donde se empezó a gestar la necesidad de la autonomía política y económica.

El héroe que no quería ser militar
La historia lo obligó a ponerse las botas. Sin formación militar previa, aceptó el mando de los ejércitos patrios por puro sentido del deber. Sabía que la revolución se jugaba la vida en el norte.

A pesar de las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, su genio estratégico brilló en el Éxodo Jujeño, una maniobra de tierra arrasada sin precedentes en la región que salvó al norte del avance realista, y en las victorias clave de Tucumán y Salta, que blindaron la frontera de la naciente patria.

El legado en el 2026: Una brújula ética
Belgrano murió el 20 de junio de 1820, víctima de la hidropesía y sumido en el olvido de una ciudad devorada por la guerra civil. Su único pago al médico que lo atendió fue su reloj de bolsillo, ya que no le quedaba un solo peso. Sus últimas palabras, «¡Ay, Patria mía!», resuenan hoy con una vigencia escalofriante.

Recordarlo en este 2026 implica bajar al héroe del caballo de mármol y recuperar al ciudadano comprometido. El periodista que buscaba la verdad, el economista que proyectaba industrias y el hombre que eligió la honestidad radical por encima del beneficio propio. Esos son, sin dudas, los colores más profundos de su bandera.

Foto: Archivo propio IA.

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