Elecciones en Brasil: Lula y Bolsonaro, cabeza a cabeza

Brasil encara este domingo una de las jornadas electorales más trascendentales y polarizadas de su historia reciente. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro llegan con virtual empate técnico en las encuestas a un balotaje cuyo desenlace definirá el futuro de la principal economía de la región, pero también el del mapa geopolítico para la gestión de Javier Milei.

Tras una primera vuelta que le dio un ajustado triunfo a Bolsonaro (Partido Liberal) con el 47% de los votos frente al 45% de Lula (Partido de los Trabajadores), casi 160 millones de brasileños vuelven a las urnas para elegir entre un cuarto mandato del actual presidente o un nuevo gobierno a cargo del hijo del expresidente Jair Bolsonaro, preso por intento de golpe de Estado en 2022.

Las encuestas fueron las grandes perdedoras de la primera vuelta electoral del 4 de octubre, porque arrojaron un escenario de paridad extrema pero con una ventaja de entre 3 y 5 puntos a favor de Lula. Sin embargo, los propios comandos de campaña de ambos candidatos prestaron atención a las últimas, que arrojan un empate técnico en 50% de los votos válidos para cada uno, y ajustaron sus campañas en el último tramo, con foco en propuestas pensadas para atraer a los indecisos.

En Argentina, el resultado de los comicios mantiene en vilo a la Casa Rosada. Hace pocos días Milei volvió a meterse en la campaña brasileña con insultos y acusaciones a Lula. La relación bilateral está en su peor momento debido a la animadversión del libertario con el referente de la centroizquierda y eso podría cambiar si se impone Bolsonaro.

Elecciones en Brasil: ¿cómo llegan Bolsonaro y Lula a la segunda vuelta?
La encuesta de Datafolha, encargada por los gigantes mediáticos Folha de Sao Paulo y O Globo, registró una intención de voto para Bolsonaro de 47% frente a 46% de Lula. Sin embargo, al proyectar únicamente los sufragios válidos -sin «voto en blanco» o nulo ni indecisos- el resultado fue de 50% para cada uno.

El resultado es un empate técnico de cualquier forma, porque la diferencia entre ambos fue menor al margen de error de +/- 2 puntos del sondeo, que se realizó entre el 20 y el 22 de octubre con 2.114 encuestados. Por otro lado, la misma consultora había registrado en la semana posterior a la primera vuelta una ventaja de 4 puntos para Bolsonaro, que ahora parece haberla perdido.

Tendencias similares revelan la firma Quaest, que arrojó un 45% a favor del senador opositor y 44% para el presidente, y el promedio de los estudios realizados por BTG/Nexus y Atlas Intel, que mostró una diferencia menor a dos puntos porcentuales entre ambos candidatos.

Como en todo escenario polarizado la clave pasa por los indecisos, que según estos sondeos oscilan entre el 2% y el 4%, mientras que alrededor del 5% se inclina por votar en blanco. Además, estudios cualitativos sobre la solidez del voto indicaron que entre un 5% y un 7% de los consultados declara que podría modificar su decisión antes de ir a votar.

Tanto Lula como Bolsonaro tomaron nota de esa paridad extrema y de la volatilidad de los indefinidos, por lo que en el debate y en las últimas actividades de campaña se enfocaron en la disputa por los dudosos, los abstencionistas y los desencantados para inclinar la balanza.

La campaña de Lula y de Bolsonaro: una disputa voto a voto por los indecisos
Los candidatos cruzaron denuncias por presunta corrupción o comportamientos indebidos. Por caso, el senador denunció una «campaña sucia» por parte del presidente a través de redes sociales, mediante un grupo llamado «Ejército de Lula», con 10 millones de seguidores. Asimismo el presidente acusó a la empresa Meta por presunta publicaidad sesgada a favor de su rival. La dueña de Whatsapp, Facebook e Instagram negó tener cualquier injerencia en el proceso electoral pero quedó metida en la campaña.

Bolsonaro centró su campaña en el endurecimiento de la seguridad para luchar contra la delincuencia organizada, en la reducción del gasto público, la reducción de impuestos y la desregulación económica, en un sentido similar al de Milei. De hecho, utilizó como símbolo una tijera gigante que emula la ya famosa «motosierra» del libertario.

Apoyado fuertemente en el importante electorado evangélico de Brasil (donde ronda el 62% de intención de voto) y en el sector agropecuario del sur del país (que lo apoya en más del 50%), el candidato del Partido Liberal enfocó su discurso en la lucha contra el delito y en consolidar al arco conservador en la región.

Por su parte, Lula hizo hincapié en la defensa de las instituciones democráticas y buscó poner en relieve los avances sociales de su gestión. Pese al sólido liderazgo en el nordeste brasileño (donde presenta una intención de voto del 61%) y en los sectores de menores ingresos, el PT reforzó su campaña tras la caída en el balotaje con un mensaje más pragmático.

En ese marco, y presionado por una crítica creciente del bolsonarimo sobre el costo de vida, Lula prometió profundizar las políticas de inclusión y puso la mira en defender conquistas laborales recientes como la histórica reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales, que la llamada escala 6×1.

Durante el último debate que se llevó a cabo el viernes hubo una llamativa coincidencia: ambos candidatos apoyaron la propuesta de que el transporte público sea gratuito los fines de semana, una muestra de que los dos acusan recibo de las encuestas que los dan empatados y buscan sacar la mínima diferencia.

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