Estar Bien!: El desafío de agregar vida a los años, no solo años a la vida

Si bien la humanidad ha logrado extender su sobrevida entre 30 y 40 años en comparación con el siglo pasado [00:35], nos enfrentamos a una paradoja preocupante: vivimos más, pero ¿vivimos mejor? Esta es la pregunta central que aborda el programa «Estar Bien!», donde se explora el concepto de «longevidad saludable» junto a dos referentes de la medicina integrativa: la Dra. María Silvia Guerrero, cardióloga especialista en medicina de estilo de vida, y la Dra. Antonella De Luca, especialista en medicina ortomolecular y biológica.

El origen de la enfermedad moderna
Ambas especialistas coinciden en que la forma en que vivimos hoy choca frontalmente con nuestra biología evolutiva. Según la Dra. Guerrero, las principales causas de las enfermedades actuales radican en comer mal, el sedentarismo, la falta de descanso, el estrés crónico y la contaminación ambiental [02:50].

«Nuestros ancestros se pasaban el día caminando para conseguir alimento, comían cuando había disponibilidad y descansaban al bajar el sol», explica Guerrero [04:20]. En contraste, la vida moderna nos ofrece comodidad y comida ultraprocesada disponible las 24 horas, lo que ha derivado en una epidemia de enfermedades crónicas no transmisibles. De hecho, la estadística es alarmante: hoy en día, seis de cada diez personas padecen alguna enfermedad crónica como diabetes, hipertensión o Alzheimer [17:55].

La inflamación: el enemigo silencioso
Para entender por qué envejecemos de manera acelerada, es crucial comprender el concepto de inflamación celular. La Dra. De Luca lo describe gráficamente: «Es como ir consumiendo un veneno en dosis chiquititas que te saca capacidad vital». Los alimentos ultraprocesados, cargados de azúcares, sales y grasas modificadas (hidrogenadas), no son reconocidos por el cuerpo como alimento, sino como una agresión que dispara una respuesta inflamatoria [19:29].

Este estado de alerta constante del sistema inmune lleva al envejecimiento celular a través de tres mecanismos: inflamación crónica, glicación y oxidación [21:17]. De Luca comparte una frase contundente de su mentora para resumir este proceso: «Si me inflamo, me estreso; y si me estreso, me oxido» [29:43]. Este estrés oxidativo daña los telómeros (los extremos protectores de nuestros cromosomas), acelerando el deterioro genético [23:37].

El ayuno intermitente como herramienta terapéutica
Una de las estrategias más discutidas para recuperar la salud metabólica es el ayuno intermitente. No se trata de una dieta de moda, sino de un descanso fisiológico. La recomendación es comenzar respetando los ritmos circadianos, cenando temprano y permitiendo un reposo digestivo de al menos 12 horas [08:28].

Durante la «ventana de ayuno», se permite la ingesta de líquidos no endulzados como agua, té, café o mate. La Dra. Guerrero añade un tip interesante: el uso de aceite de coco durante el ayuno puede aportar saciedad y nutrir las células cerebrales sin romper el estado metabólico beneficioso [10:00]. Para cortar el ayuno, es fundamental evitar los carbohidratos de rápida absorción y optar por una comida rica en proteínas, grasas saludables y vegetales para mantener la saciedad y evitar picos de insulina.

Moverse es innegociable
El sedentarismo es el otro gran villano. Llegar a la edad adulta sin masa muscular (sarcopenia) es una receta para la fragilidad y la dependencia. «El metabolismo es la célula y el motorcito que la hace funcionar es el músculo», afirma De Luca [28:33]. No basta con caminar; es necesario el ejercicio de fuerza para mantener la estructura y la función metabólica, especialmente en mujeres que atraviesan la menopausia, una etapa que hoy representa cerca del 30% de la vida femenina [32:29].

Tóxicos cotidianos y microbiota
Finalmente, el entorno juega un papel crucial. Las expertas advierten sobre el peligro de los «disruptores endócrinos» presentes en plásticos y en el agua de red no filtrada. Un punto destacado es el uso de edulcorantes: a pesar de no tener calorías, actúan como antibióticos para nuestra flora intestinal, barriendo la microbiota beneficiosa esencial para nuestra inmunidad y salud mental [31:12].

La conclusión es clara: la genética no es una condena. Tenemos el poder de modificar nuestra expresión genética a través de nuestros hábitos diarios. Como cierran las doctoras, el objetivo no es la inmortalidad, sino llegar a los 80, 90 o 100 años conservando la vitalidad, la independencia y la lucidez.

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