Estar Bien!: El desafío de romper el silencio y reconstruir la confianza

La pérdida de un embarazo es una experiencia traumática que marca un antes y un después en la vida de una mujer y su entorno. A pesar de su frecuencia estadística —se estima que el 25% de los embarazos no llegan a término—, sigue siendo un tema silenciado. En una charla profunda con Verónica Varano, la Lic. Guadalupe Rizzo (Licenciada en psicología, con experiencia en clínica y formación de posgrado con orientación psicoanalítica – MN. 53.880), destacó la necesidad de visibilizar este «duelo silenciado» y brindar herramientas para procesar el vacío que deja un proyecto de vida truncado [[01:29].

El peso de la culpa y el entorno
Uno de los sentimientos más recurrentes tras una pérdida gestacional es la culpa. Según la especialista, la mujer suele caer en autorreproches sobre lo que hizo o dejó de hacer, alimentando la ilusión de que todas las variables del embarazo pueden ser controladas [[03:54].

En este contexto, el rol del entorno es vital, aunque muchas veces los familiares y amigos no saben cómo reaccionar. Rizo advierte que a veces «no es tanto lo que uno tiene que decir, sino estar al lado, escuchar y dar lugar a lo que está sucediendo» [[02:48]. Evitar el tema o invalidar el dolor con frases como «ya vas a tener otro» suele profundizar la angustia de la paciente, quien necesita que su pérdida sea legitimada como parte de su historia singular [[04:45].

Un abordaje integral y personalizado
La propuesta terapéutica de Guadalupe Rizo no se limita a la escucha convencional. Ella plantea un acompañamiento integral que incluye la revisión de hábitos de vida y la gestión del estrés para «preparar el terreno» emocional ante una futura búsqueda [[06:51].

Un punto central del tratamiento es reconstruir la confianza en el propio cuerpo, ya que tras la pérdida, muchas mujeres sienten que su organismo les ha fallado [[08:00]. El abordaje implica también trabajar en red con otros profesionales médicos, permitiendo que la paciente asuma un rol activo, sepa qué preguntar en los estudios y no se quede con dudas que alimenten su ansiedad [[08:41].

El valor de los rituales y la palabra
Para resignificar la pérdida, la licenciada enfatiza la importancia de la «maquinaria simbólica». Ponerle un nombre al bebé que no llegó u organizar pequeños rituales de despedida ayuda a bordear la falta y darle un sentido a lo ocurrido [[18:14]. Nombrarlo permite que ese ser ocupe un lugar en la trama histórica familiar, evitando que se convierta en un «secreto» que pueda repercutir en el futuro [[18:35].

Finalmente, Rizo señaló que la comunicación con la pareja es fundamental, ya que el duelo puede generar rispideces o, por el contrario, convertirse en un punto de encuentro y fortalecimiento del vínculo [[15:31]]. Hablar de la pérdida es el primer paso para sanar: «El hecho de que se comunique ya marca la diferencia, porque es una forma de validar eso que está ocurriendo» [[23:50]].

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