Tengo una idea: Dos décadas de sinergia y el arte de transformar hogares

Detrás de cada gran proyecto arquitectónico hay una historia de confianza y perseverancia.

Andrea Theodor y Alejandra Salierno llevan más de 20 años transitando juntas el camino del diseño y la construcción.

Invitadas al programa conducido por Tomi Dente, relataron cómo lo que comenzó como un grupo de estudio en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la UBA se transformó en un «matrimonio laboral» indisoluble [[00:43]

Un vínculo forjado en el tablero
El primer encuentro visual entre ambas se produjo a finales de los años 90 en Ciudad Universitaria [[02:59]. Les tocó vivir una etapa bisagra para la profesión: la transición del dibujo a mano alzada y los tableros con rotrings hacia la irrupción de las computadoras y el sistema AutoCAD. «Muchos seguían dibujando a mano y otros empezaban con el tema del CAD», recordaron sobre aquellos años de maquetas y noches sin dormir que forjaron una amistad profunda y responsable [[03:52].

Tras recibirse y trabajar de forma independiente en diversas empresas, en 2011 decidieron dar el salto y fundar su propio espacio [[06:34]. Lo que más las sorprende hoy es la fluidez de su sociedad. «En términos profesionales somos como una misma mente», aseguran, destacando que rara vez tienen desacuerdos profundos sobre el rumbo de un proyecto [[07:06].

El valor de «estar en la obra»
El éxito de un proyecto no reside solo en la documentación, sino en la gestión humana y la presencia constante. Han desarrollado una dinámica de trabajo donde, si bien ambas conocen el estado de cada obra, una sola lleva el trato directo con el cliente y los proveedores para mantener la «cabeza fría» sobre los procesos y evitar enredos administrativos [[08:25].

Este enfoque les ha permitido construir una cartera de clientes fieles que las vuelven a llamar cada vez que se mudan o necesitan una refacción. «Quedás medio amigo del cliente y es más fácil porque ya sabés sus gustos, qué sí y qué no», explican [[13:31]. Actualmente, la mayor demanda que reciben son las reformas integrales, donde el desafío es optimizar espacios y energías en estructuras ya existentes [[14:40].

El arquitecto como escudo del cliente
En la charla, las profesionales subrayaron que su rol va mucho más allá del diseño: son las intermediarias que protegen el bolsillo y la tranquilidad de quien las contrata. Relataron anécdotas donde su ojo entrenado salvó a clientes de estafas, como una ocasión en la que frenaron la instalación de una mesada que no coincidía con el material comprado [[20:55].

Esa vigilancia se traduce en visitas frecuentes al sitio de trabajo: dependiendo de la etapa, pueden asistir dos, tres veces por semana o incluso diariamente. «Cuanto más chiquita es la obra, más tenés que estar porque todo sucede muy rápido», sentenciaron [[25:36].

Evolución y mirada al futuro
A lo largo de estas décadas, su ADN de diseño ha evolucionado junto con la tecnología. Ya no se trata solo de crear algo estéticamente bello, sino de proyectar pensando en la estructura, los caños y la viabilidad técnica desde el primer trazo [[28:05].

Al proyectarse hacia la próxima década, Alejandra y Andrea se imaginan seleccionando obras de mayor escala y disfrutando de procesos más espaciados, priorizando el equilibrio con sus familias [[31:01].

Satisfechas con el camino recorrido, aseguran que no cambiarían ninguna de las decisiones que las llevaron a ser hoy las capitanas de su propio destino profesional.

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